Nuestros dos últimos acogidos, Sorpresa y Botón, son muy felices en su nuevo hogar. Botón, nos dicen, está más grande, más guapa y mucho más confiada, gracias a que pasan mucho tiempo con ella, cosa que nosotros últimamente no podíamos hacer. Sigue sin gustarle mucho que la cojan, pero le encantan las caricias y ronronea mucho. Y bueno, Sorpre es el amor de siempre, su mamá adoptiva me dice que no había conocido antes ningún gato tan cariñoso. Y sigue además tan juguetón como siempre. Nos han mandado unos vídeos, cosa que les agradecemos profundamente, porque ¡les echamos muuucho de menos! Y nos permiten publicarlos en el blog, así que aquí los tenéis. Yo no puedo dejar de verlos, me pasa como con las fotos de Esmeralda. Se me pone una sonrisa tonta en la cara y no se me quita hasta ocho horas después o así. :-)
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jueves, 19 de mayo de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
Debajo un Botón ton ton
Estos días han transcurrido con tranquilidad: Susto está felizmente acogido en Barcelona, Sorpresa juega feliz con Yin y con Yang (¡sí, también con Yang!) mientras espera su hogar definitivo y nosotros seguimos alimentando a los callejeritos. Por la zona sólo quedan ahora dos gatas adultas, Botón (el macho adulto que las preña a todas, el bandido) y una cachorrita de unos cuatro meses que vivía en un solar y que presuponemos hija de Botón (es idéntica a él).
Ayer, Emilio bajó la comida para los cuatro. Bajaba con la ilusión de los últimos días, nacida de ver que la cachorrita cada vez se iba dejando acariciar más, y llevaba varios días saludándole con potentes maullidos cuando lo veía aparecer. Ayer no fue diferente: oí los maullidos desde mi ventana. Él le puso carne de lata y ella empezó a comer, feliz. Él se puso a acariciarla por el lomo, por la cabeza, por la barriga... caramba, qué fácil sería cogerla, pensó. Y la cogió, levantándola por la barriguita. Al principio ella debió de quedarse en estado de shock, sin saber muy bien qué pasaba, porque Emilio asegura que al principio no se movió mucho. Pero luego, con el ruido de la bolsa de plástico al caminar y supongo que también con el vaivén de los pasos, reaccionó y empezó a escurrirse por aquí y por allá. Por suerte, el portal está cerca y, cuando por fin consiguió escaparse y dar con sus huesos en el suelo, Emilio ya estaba subiendo por las escaleras de casa. La cogió y de nuevo se le escurrió. La tercera vez fue la vencida y consiguió llegar a la puerta de casa y llamar al timbre como un desesperado. Abrí yo, con cara de sorpresa (normalmente abre con llave, no llama, y menos con tanta insistencia), y con la mirada me indica que tiene algo bajo el brazo, y yo miro y veo una cabecita redonda que me mira con cara de miedo.
Ayer, Emilio bajó la comida para los cuatro. Bajaba con la ilusión de los últimos días, nacida de ver que la cachorrita cada vez se iba dejando acariciar más, y llevaba varios días saludándole con potentes maullidos cuando lo veía aparecer. Ayer no fue diferente: oí los maullidos desde mi ventana. Él le puso carne de lata y ella empezó a comer, feliz. Él se puso a acariciarla por el lomo, por la cabeza, por la barriga... caramba, qué fácil sería cogerla, pensó. Y la cogió, levantándola por la barriguita. Al principio ella debió de quedarse en estado de shock, sin saber muy bien qué pasaba, porque Emilio asegura que al principio no se movió mucho. Pero luego, con el ruido de la bolsa de plástico al caminar y supongo que también con el vaivén de los pasos, reaccionó y empezó a escurrirse por aquí y por allá. Por suerte, el portal está cerca y, cuando por fin consiguió escaparse y dar con sus huesos en el suelo, Emilio ya estaba subiendo por las escaleras de casa. La cogió y de nuevo se le escurrió. La tercera vez fue la vencida y consiguió llegar a la puerta de casa y llamar al timbre como un desesperado. Abrí yo, con cara de sorpresa (normalmente abre con llave, no llama, y menos con tanta insistencia), y con la mirada me indica que tiene algo bajo el brazo, y yo miro y veo una cabecita redonda que me mira con cara de miedo.
La pusimos en "la habitación de los invitados", como a todos los gatos recién llegados (salvo a Esme, que cuando llegó daba tanta pena que la pusimos directamente en el patio, aprovechando que era agosto). Le pusimos los comederos (pienso y latita), cestita, mantita, bebedero... y pese a su miedo, no pudo resistirse al jamón York, y cuando encontró el bebedero, tras el susto inicial de meter la nariz en el agua porque no la vio, se puso a beber como posesa, y bebió largo rato. Siempre nos ha intrigado dónde conseguía el agua en el solar en el que vivía, ¿algún vecino? ¿Alguna cañería rota? ¿Algún charco imperecedero? No lo sabemos, pero vino sedienta, la pobre.
Aún tenía mucho miedo de nosotros, nos bufaba e intentaba esconderse por los rincones de la habitación, pero nosotros la cogíamos y la acariciábamos para enseñarle que el miedo era innecesario y que no le pasaría nada estando en nuestras manos. Tras comer un poquito, la dejamos descansar, y no dijo ni miau en toda la noche.
A lo largo del día de hoy la hemos visitado varias veces en su habitación. Sigue asustada, pero cada vez menos, y en cuanto la acariciamos un poco ronronea como una locomotora. Nuestros gatos sienten curiosidad por la nueva inquilina, y la han ido a ver a través del cristal de la puerta del balcón. Yang estuvo allí largo rato, y un poco más y consigue colarse, pues la muy bandida sabe abrir puertas correderas. Yin también fue a saludar, y Sorpresa, que hace todo lo que hace Yin, también se acercó, expresando su inquietud con maullidos cortos y variopintos. Durante unos minutos les dejé olisquear la habitación mientras sostenía a la peque en brazos. Ella estuvo intranquila todo el rato, viendo a los otros gatos por la habitación, pero se tranquilizó de nuevo cuando salieron.
Hoy ha comido y ha utilizado la bandeja cubierta (sin puerta) casi normalmente, aunque tiende a esconderse todavía por los rincones. Cada vez que voy, la saco, para que compruebe que todo lo que obtiene de nosotros son caricias y que no hay nada que temer. Hay quien prefiere no forzarles. Yo no lo haría si sintieran pánico o agresividad o nunca hubieran tenido trato con humanos o hubieran sido maltratados; pero cuando sólo es un poco de miedo por el cambio calle-casa y ya han recibido caricias con gusto en otras ocasiones, sí que soy partidaria de cogerles y acariciarles a su pesar, para ahorrarles el tiempo de darse cuenta por sí mismos de que no pasa nada si se nos acercan. Hasta ahora me ha dado buenos resultados. De hecho, esta tarde la peque ya está mucho más accesible que ayer.
En el veterinario hemos comprado comida para peques y una pipeta para desparasitar a la gatita, que ya le hemos puesto sin niguna complicación. Está muy delgada, se le notan las costillas bajo la piel. Está sucia y asustada, pero con algunos cuidados se pondrá preciosa. En cuanto podamos la vacunaremos y luego sólo nos quedará esperar a que le salga una acogida, una adopción, o a que crezca y se haga amiguita de nuestros monstruítos, o hasta que se haga "demasiado" amiguita y haya que esterilizarla. :-) La lástima es que creo que, después de los gatos negros, los blancos y negros son los menos populares, pero no importa. A esta gatita ya le ha tocado la lotería y hoy, día lluvioso y frío, ya no tiene que estar a la intemperie congelándose, y si todo sale como esperamos (que aparezca una buena familia para ella que jamás la abandone) ya nunca lo estará.
Para difundirla, la he llamado Botoncita, porque tiene la naricita negra y parece un botón en medio de su hocico blanco. Su padre se llama Botón por lo mismo, se parecen mucho. Emilio dice que Botoncita es un nombre horrible, pero bueno, el nombre puede cambiarse, no me preocupa demasiado. :D
Os dejo una fotos de Botoncita, tomadas en su segundo día en casa. Es muy pequeña de tamaño, sólo tiene cuatro mesecitos. Es un bebé, la pobre.
Aún tenía mucho miedo de nosotros, nos bufaba e intentaba esconderse por los rincones de la habitación, pero nosotros la cogíamos y la acariciábamos para enseñarle que el miedo era innecesario y que no le pasaría nada estando en nuestras manos. Tras comer un poquito, la dejamos descansar, y no dijo ni miau en toda la noche.
A lo largo del día de hoy la hemos visitado varias veces en su habitación. Sigue asustada, pero cada vez menos, y en cuanto la acariciamos un poco ronronea como una locomotora. Nuestros gatos sienten curiosidad por la nueva inquilina, y la han ido a ver a través del cristal de la puerta del balcón. Yang estuvo allí largo rato, y un poco más y consigue colarse, pues la muy bandida sabe abrir puertas correderas. Yin también fue a saludar, y Sorpresa, que hace todo lo que hace Yin, también se acercó, expresando su inquietud con maullidos cortos y variopintos. Durante unos minutos les dejé olisquear la habitación mientras sostenía a la peque en brazos. Ella estuvo intranquila todo el rato, viendo a los otros gatos por la habitación, pero se tranquilizó de nuevo cuando salieron.
Hoy ha comido y ha utilizado la bandeja cubierta (sin puerta) casi normalmente, aunque tiende a esconderse todavía por los rincones. Cada vez que voy, la saco, para que compruebe que todo lo que obtiene de nosotros son caricias y que no hay nada que temer. Hay quien prefiere no forzarles. Yo no lo haría si sintieran pánico o agresividad o nunca hubieran tenido trato con humanos o hubieran sido maltratados; pero cuando sólo es un poco de miedo por el cambio calle-casa y ya han recibido caricias con gusto en otras ocasiones, sí que soy partidaria de cogerles y acariciarles a su pesar, para ahorrarles el tiempo de darse cuenta por sí mismos de que no pasa nada si se nos acercan. Hasta ahora me ha dado buenos resultados. De hecho, esta tarde la peque ya está mucho más accesible que ayer.
En el veterinario hemos comprado comida para peques y una pipeta para desparasitar a la gatita, que ya le hemos puesto sin niguna complicación. Está muy delgada, se le notan las costillas bajo la piel. Está sucia y asustada, pero con algunos cuidados se pondrá preciosa. En cuanto podamos la vacunaremos y luego sólo nos quedará esperar a que le salga una acogida, una adopción, o a que crezca y se haga amiguita de nuestros monstruítos, o hasta que se haga "demasiado" amiguita y haya que esterilizarla. :-) La lástima es que creo que, después de los gatos negros, los blancos y negros son los menos populares, pero no importa. A esta gatita ya le ha tocado la lotería y hoy, día lluvioso y frío, ya no tiene que estar a la intemperie congelándose, y si todo sale como esperamos (que aparezca una buena familia para ella que jamás la abandone) ya nunca lo estará.
Para difundirla, la he llamado Botoncita, porque tiene la naricita negra y parece un botón en medio de su hocico blanco. Su padre se llama Botón por lo mismo, se parecen mucho. Emilio dice que Botoncita es un nombre horrible, pero bueno, el nombre puede cambiarse, no me preocupa demasiado. :D
Os dejo una fotos de Botoncita, tomadas en su segundo día en casa. Es muy pequeña de tamaño, sólo tiene cuatro mesecitos. Es un bebé, la pobre.
miércoles, 6 de octubre de 2010
El ojito de Botón
A primeros de agosto difundí una foto del callejerito Botón. Tenía un ojo muy dañado, presentaba este aspecto:

Intentamos cogerlo Emilio y yo para llevarlo al veterinario y salvarle el ojito, pues lo tenía muy, muy malito. Lamentablemente, era más fácil decirlo que hacerlo, y aunque probamos de varias maneras, no hubo forma de atraparlo. Así que tuvimos que resignarnos a vigilarlo y ver cómo evolucionaba su ojo de forma natural.
La buena noticia es que hoy lo he tenido a apenas unos centímetros mientras le ofrecía un suculento paté de buey y verduras, y el ojo presentaba un aspecto estupendo. Ignoro si ve por él, pues la herida que tuvo fue seria, pero al menos puedo garantizar que no se le infectó y que presenta un aspecto sano y muy natural, al menos de noche y con la pupila dilatada. A ver si un día de estos puedo echarle una miradita a la luz del día para verlo mejor.

Intentamos cogerlo Emilio y yo para llevarlo al veterinario y salvarle el ojito, pues lo tenía muy, muy malito. Lamentablemente, era más fácil decirlo que hacerlo, y aunque probamos de varias maneras, no hubo forma de atraparlo. Así que tuvimos que resignarnos a vigilarlo y ver cómo evolucionaba su ojo de forma natural.
La buena noticia es que hoy lo he tenido a apenas unos centímetros mientras le ofrecía un suculento paté de buey y verduras, y el ojo presentaba un aspecto estupendo. Ignoro si ve por él, pues la herida que tuvo fue seria, pero al menos puedo garantizar que no se le infectó y que presenta un aspecto sano y muy natural, al menos de noche y con la pupila dilatada. A ver si un día de estos puedo echarle una miradita a la luz del día para verlo mejor.
martes, 28 de septiembre de 2010
Mis callejeritos
Tras traer a Yin a casa, y antes de que viniera Yang, los callejeritos ya hicieron su aparición en mi vida. La primera fue una gatita blanca y negra, adulta pero de tamaño pequeño, muy bonita. Por ser la primera en aparecer, la identificamos como Alfa, aunque le ha quedado Alfie. Le empecé a poner comidita todas las noches, y no faltaba nunca a la cita. Incluso me llegaba a esperar pegadita a la puerta del portal, con su carita tan dulce intentando escudriñar a través del cristal a ver si aparecía su ansiada comidita.
Alfie venía siempre acompañada de un gato macho, también blanco y negro. Podrían ser hermanos por lo mucho que se parecen, aunque Alfie está mucho más limpia que él. El gato tiene la naricita negra, lo cual nos inspiró el nombre de Botón. De Alfie no tengo fotos aún, pero de Botón sí. Este es:

Alfie y Botón, y sobre todo la comida, no tardaron en atraer a otras tres gatas. La primera es Pumuky, un bellezón de pelo largo que todavía no me explico cómo ha ido a parar a la calle. ¿La habrán abandonado? ¿Habrá nacido en la calle, a pesar de que es la única de pelo largo que hay por las inmediaciones? De tan guapa que es, la difundimos por internet y le han salido acogida y adoptante, pero está asilvestrada y aún no hemos conseguido cogerla. Lo seguiremos intentando. Esta es Pumuky:

Otra de las gatas es completamente negra, muy asustadiza. Y la tercera, algo más confiada pero sin dejarse tocar, la llamamos Tiburón porque es toda negra veteada en grises y con la barbilla y los bigotitos blancos, preciosa.
A la negrita la bautizamos cuando nos trajo a sus cuatro cachorritos. La llamamos Mami. Los cachorritos son preciosos, ahora ya rondan los cinco meses. Uno blanco y negro, otro negrito como la madre, otra tricolor y una carey, llamados Frodo, Bob Ford, Jessie y María respectivamente. Lamentablemente, María murió no hace mucho atropellada por un coche. Probablemente dormía debajo, el coche abandonó su aparcamiento y... :-( Jessie también desapareció hace mucho tiempo también, supongo que en similares circunstancias. Ambas eran guapísimas y nos dio mucha pena su pérdida. Por suerte, Frodo y Bob nos visitan con frecuencia.
Aquí tengo algunas fotitos del grupo.
En esta se puede ver a Jessie, Bob y Frodo comiendo, y Botón a la derecha, de espaldas:

En estas, vemos que Mami nos mira (en la primera), y el pequeño Bob la mira a su vez, a su lado. En la segunda ya comen los dos. María, la carey, está a la izquierda, sentadita. Pumuky, en el centro, inconfundible con su pelaje largo, y a su derecha, Frodito. En primer término está Botón, que está bebiendo y no se le ve la carita.


Jessie y Frodo. Qué lástima la desaparición de Jessie. :-(

De pronto, un día pasó una gata naranja, muy delgadita y con las tetitas colgando. No tardó en descubrir todo el percal. Un día oí unos maullidos de cachorrito y me asomé a la ventana a ver qué pasaba. Un minigatito naranjito estaba recibiendo una paliza por parte de Tiburón, la gata de los bigotes blancos. Le pedí a Emilio (a gritos, cof cof) que bajara corriendo a separarlos mientras yo vigilaba desde arriba. Creí que la gata iba a matar al chiquitín, que estaba solito. Emilio llegó, y Tiburón dejó al pequeño, que también se escondió. Por fortuna para ellos, todos estos gatos son silvestres y no dejan que nadie les toque. Ya estaba pensando yo si llevarme al peque en caso de que no apareciera su madre, cuando llegó la gata naranja que habíamos visto días atrás y el gatito dejó de maullar y se arrimó a ella, feliz. Así que nos había traído a su cachorrito. Otro más que alimentar, pobrecitos. Del susto que me llevé con el altercado, se le quedó el nombre de Susto, y a la mami la llamamos Marisol.
Como estos eran nuevos, un día les seguimos para ver de dónde salían y, para nuestra sorpresa, descubrimos que tenia otro cachorrito más en su refugio. Así que le llamamos Sorpresa. Los dos cachorritos, Susto y Sorpresa, son más jóvenes que los de Mami y son preciosísimos. Pensar que los tuve en una jaula trampa y no me los llevé para difundirlos... :-( Estos son:

Y estos son todos... de momento. Los cachorritos ya van creciendo, pero no pierdo la esperanza de poder ir cogiéndolos de uno en uno e ir sacándolos de la calle. Lástima no tener más dinero para esterilizarlos a todos y poder parar el crecimiento de la colonia. Ahora llega el invierno y van a pasar mucho frío, pobrecitos.
Al menos, mientras yo esté por aquí, comida no les faltará.
Alfie venía siempre acompañada de un gato macho, también blanco y negro. Podrían ser hermanos por lo mucho que se parecen, aunque Alfie está mucho más limpia que él. El gato tiene la naricita negra, lo cual nos inspiró el nombre de Botón. De Alfie no tengo fotos aún, pero de Botón sí. Este es:

Alfie y Botón, y sobre todo la comida, no tardaron en atraer a otras tres gatas. La primera es Pumuky, un bellezón de pelo largo que todavía no me explico cómo ha ido a parar a la calle. ¿La habrán abandonado? ¿Habrá nacido en la calle, a pesar de que es la única de pelo largo que hay por las inmediaciones? De tan guapa que es, la difundimos por internet y le han salido acogida y adoptante, pero está asilvestrada y aún no hemos conseguido cogerla. Lo seguiremos intentando. Esta es Pumuky:

Otra de las gatas es completamente negra, muy asustadiza. Y la tercera, algo más confiada pero sin dejarse tocar, la llamamos Tiburón porque es toda negra veteada en grises y con la barbilla y los bigotitos blancos, preciosa.
A la negrita la bautizamos cuando nos trajo a sus cuatro cachorritos. La llamamos Mami. Los cachorritos son preciosos, ahora ya rondan los cinco meses. Uno blanco y negro, otro negrito como la madre, otra tricolor y una carey, llamados Frodo, Bob Ford, Jessie y María respectivamente. Lamentablemente, María murió no hace mucho atropellada por un coche. Probablemente dormía debajo, el coche abandonó su aparcamiento y... :-( Jessie también desapareció hace mucho tiempo también, supongo que en similares circunstancias. Ambas eran guapísimas y nos dio mucha pena su pérdida. Por suerte, Frodo y Bob nos visitan con frecuencia.
Aquí tengo algunas fotitos del grupo.
En esta se puede ver a Jessie, Bob y Frodo comiendo, y Botón a la derecha, de espaldas:
En estas, vemos que Mami nos mira (en la primera), y el pequeño Bob la mira a su vez, a su lado. En la segunda ya comen los dos. María, la carey, está a la izquierda, sentadita. Pumuky, en el centro, inconfundible con su pelaje largo, y a su derecha, Frodito. En primer término está Botón, que está bebiendo y no se le ve la carita.
Jessie y Frodo. Qué lástima la desaparición de Jessie. :-(
De pronto, un día pasó una gata naranja, muy delgadita y con las tetitas colgando. No tardó en descubrir todo el percal. Un día oí unos maullidos de cachorrito y me asomé a la ventana a ver qué pasaba. Un minigatito naranjito estaba recibiendo una paliza por parte de Tiburón, la gata de los bigotes blancos. Le pedí a Emilio (a gritos, cof cof) que bajara corriendo a separarlos mientras yo vigilaba desde arriba. Creí que la gata iba a matar al chiquitín, que estaba solito. Emilio llegó, y Tiburón dejó al pequeño, que también se escondió. Por fortuna para ellos, todos estos gatos son silvestres y no dejan que nadie les toque. Ya estaba pensando yo si llevarme al peque en caso de que no apareciera su madre, cuando llegó la gata naranja que habíamos visto días atrás y el gatito dejó de maullar y se arrimó a ella, feliz. Así que nos había traído a su cachorrito. Otro más que alimentar, pobrecitos. Del susto que me llevé con el altercado, se le quedó el nombre de Susto, y a la mami la llamamos Marisol.
Como estos eran nuevos, un día les seguimos para ver de dónde salían y, para nuestra sorpresa, descubrimos que tenia otro cachorrito más en su refugio. Así que le llamamos Sorpresa. Los dos cachorritos, Susto y Sorpresa, son más jóvenes que los de Mami y son preciosísimos. Pensar que los tuve en una jaula trampa y no me los llevé para difundirlos... :-( Estos son:
Y estos son todos... de momento. Los cachorritos ya van creciendo, pero no pierdo la esperanza de poder ir cogiéndolos de uno en uno e ir sacándolos de la calle. Lástima no tener más dinero para esterilizarlos a todos y poder parar el crecimiento de la colonia. Ahora llega el invierno y van a pasar mucho frío, pobrecitos.
Al menos, mientras yo esté por aquí, comida no les faltará.
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