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domingo, 25 de septiembre de 2016

La vida en la calle

Curro era parte de una camada de cinco cachorritos que tenían la suerte de que una persona concienciada permitía vivir en un patio de su comunidad. Cuando éste salía a alimentarles, acudían en manada. Precisamente por esto fue que se dio cuenta, un buen día, de que Curro se iba quedando atrás con respecto al resto, arrastrando cada vez más los cuartos traseros. En un principió, su cuidador pensó que habría recibido algún golpe con la puerta deslizante del garaje (todos sabemos cómo son estos bichos, siempre esperando al último segundo para pasar al otro lado). Pero en cuanto poco después Curro dejó de ir a comer, enseguida se tomó la decisión de llevarlo al veterinario y averiguar qué le estaba pasando. El resto de la historia ya la sabéis; al principio pintaba todo tremendamente mal.

La historia de esta camada no termina aquí, empero. Algunos de sus hermanitos fueron desapareciendo del grupo poco a poco y, al final, en el recinto sólo quedaba el último de ellos, Husky, esta preciosidad:



Como podéis ver, Husky estaba aparentemente sano y muy ágil (en la foto aparece en lo alto de una palmera, a varios metros sobre el suelo, donde subió para perseguir algún pajarillo). Pero a la historia le dio por repetirse. Hace unas pocas semanas, Husky aparecía con una respiración dificultosa y había perdido el apetito. Empezó a adelgazar con una rapidez pasmosa, y cuando su cuidador me pidió ayuda para intentar capturarlo para llevarlo al veterinario, presentaba este aspecto:


Agotado como parecía, aún tuvo algunas fuerzas para salir corriendo a cambiar de lugar cuando intentamos cogerlo. Finalmente, cuando lo teníamos cercado en el mismo depósito donde en su momento se resguardó Curro antes de que lo atraparan (un lugar hueco y oscuro pero sin escape posible), descubrimos con tristeza que su cuerpo no había aguantado más y aquélla había sido su última carrera. Difícilmente se me borrará de la memoria esa mirada, tan parecida a la de Curro, y esos mismos ojos ya sin vida apenas minutos después. Con todo el dolor, llevamos al pequeño al veterinario, quien sólo pudo certificar su muerte. Por lo que nos comentaron, dado que Curro tiene leucemia desde muy pequeño, era bastante probable que le hubiera venido por vía materna y que el resto de sus hermanos también la sufrieran, teniendo Husky un deterioro rápido al atacarle la misma a la parte respiratoria. Esta vez llegamos tarde.

No dejo de pensar que la vida no está carente de cierta ironía y, cuando estábamos seguros de que el pequeño Curro iba a irse al otro barrio en poco tiempo, resulta que con las atenciones médicas pertinentes al final ha sido el único de su camada que ha salido adelante. Muchos piensan que estos pequeños se las arreglan bien en la calle. Lo cierto es que, salvo para algunos pocos bien adaptados, la calle es una despiadada trituradora de animales...

Si alguna vez os encontráis con un callejerito que empieza a presentar un empeoramiento, por leve que sea, no lo dudéis y llevadlo al veterinario antes de que empiece a dejar de comer. Quizá lleguéis a tiempo.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Un añito

Parece mentira, pero ya hace un año y dos días que encontramos a los estupendos papis de nuestra primera acogida, Zapatitos. Quizá debería decir más bien que parece mentira que "sólo" hace un año y dos días, porque me da la impresión de que lleva con ellos toda la vida. Han pasado tantas cosas en este último año que se me ha hecho largo. Con Zapatitos emprendimos la aventura de ser casa de acogida y de buscar adoptantes adecuados para los gatitos que se cruzan, por azar o no, en nuestro camino. Es un camino hermoso de transitar, lleno de risas y de llantos, de multitud de emociones que se concretan en esos pequeños cuerpecitos peludos por los que hemos decidido apostar. Ver su evolución desde que llegan hasta que se van, buscarles un hogar y asegurarnos de que será adecuado para ellos (cosa muy difícil de juzgar), conocer a gente nueva maravillosa, muy vinculada al mundo animal y al eterno vicio de dar sin recibir a cambio más que la propia satisfacción de saber que has hecho lo que has podido, es fantástico. Me alegra haber emprendido esta aventura, y animo a todo el que quiera aportar algo bueno al mundo que lo pruebe. Nadie dice que sea fácil, se pasan malos momentos. Pero vale la pena.

Y muchas gracias a los adoptantes de nuestros gatitos, por habernos hecho sentir afortunados de encontraros: Rita y Miguel, María Rosa y Carlos (os deseo toda la suerte del mundo en vuestra lucha particular), Óscar y Laura, Cristina (que encontró un hogar para Susto), Agnès y Jezabel. Y Paül, que si todo va bien adoptará en breve a nuestra pequeña y adorable Bolt. ¡Gracias a todos!

domingo, 17 de julio de 2011

Simetrías (Mimí/Sofía)

Otra de nuestras queridas suertudas, Mimí-Esmeralda, tiene un comportamiento muy divertido con su nueva gata mentora, Sofía. Nuestros lectores recordarán que Esme se convirtió en una réplica de Yin, aprendiendo de él tooooooooodas sus tropelerías. Pues aquí va una selección de fotos para que comprobéis hasta qué punto alcanza su capacidad de Mimí-ca ;)








domingo, 12 de junio de 2011

Fotitos y vídeos de Blanca

Aquí va una bonita sesión multimedia de esta preciosidad. Acaban de contactar con nosotros preguntando por ella, ¡ojalá encuentre papis pronto! Es muuuuuuuuuy juguetona y coge confianza enseguida. Ahora mismo está rev899 l (revoloteando por aquí, eso ha sido ella pasando por encima del teclado). Disfruta mucho de la compañía de otros gatos, pero a falta de felinos, está muy cómoda con humanos también. Sobre todo, si juegan. En cuanto la dejan solita, empieza a maullar desesperadamente. Es una pequeña maravilla. Tenemos muchas más fotitos y algún vídeo extra que iremos subiendo en cuanto tengamos otro ratito. ¡Esperamos que os gusten!





viernes, 27 de mayo de 2011

Y en plena tormenta, llega la calma (Goody día 27)

Estos últimos días han sido bastante movidos para mis tres pequeños amigos peludos (amigos míos, pero no demasiado amigos entre sí). La habitación de la cuarentena se ha reconvertido en la "habitación de la reflexión", donde van a parar los gatos malos que se arañan o muerden, durante diez minutos, una hora o toda la mañana, según el grado de agresividad mostrado.

El proceso de dejar a Tontín/Goody en libertad derivó más o menos en esta mecánica:
Goody se queda agazapado en algún rincón. Yin se acerca, se queda tumbado cerca, y a la mínima que Goody baja la guardia, Yin le intenta dar zarpazos.

Raramente ocurría lo mismo con Yang, pero por lo general ella mantenía las distancias.

Cuando esto pasaba, dejaba al instigador en la habitación encerrado un rato y a los demás gatos fuera. Cuando pasaba un tiempo prudencial, le dejaba salir, comprobaba que salía bastante más relajado y pacífico, y Goody volvía a agazaparse en algún rincón. Y vuelta a empezar.

A veces, cogía a Goody para permitir que Yin le oliera el culete (las veces que veía que Yin estaba tranquilo y receptivo). Y entonces, el muy bribón aprovechaba para darle un zarpazo o un buen bocado cuando ya me había confiado de verle oliéndole tranquilamente. Esto le acarreaba una horita de reflexión en el cuarto.

Yang se unió al club de los castigados una noche en el que le hicieron una encerrona y acabó recibiendo por todos lados (nada grave, pero en esta casa no se tolera la falta de diplomacia seas de la especie que seas).

Tras estos días, las relaciones se van normalizando. Goody ha podido disfrutar de la casa tranquilamente en algunos periodos donde Yin y Yang se han quedado en el cuarto, y eso le ha dado un poco más de cancha para dejar de estar siempre agazapado.

Yin ya no va corriendo detrás de él, aunque sigue dejando que se confíe a veces para luego molestarle. Yang es la que más me ha sorprendido con algún enfrentamiento directo yendo a buscarle.

Aparte de eso, intento integrarles en dinámicas de juego (subiremos alguna fotito pronto para que veáis el estado actual) y poco a poco la casa está recuperando la tranquilidad.

Hoy ha habido una tormenta bastante grande por la zona, pero ha sido un día de los más agradables que recuerdo con ellos. Tengo a Goody tumbado en una silla a mi lado, a Yin tumbado en la mesa junto a mi portátil, y a Yang sobre la cestita del rascador. Ella ha tenido hoy la mayor parte de momentos agresivos (aunque leves), pero parece que se ha desquitado tratando de cazar a un pajarito que, huyendo de la lluvia, le ha dado por resguardarse en nuestro balcón... mala elección (afortunadamente, ha salido ileso después de que la bruta ésta le diera un revolcón).

lunes, 16 de mayo de 2011

Desplumado (Tontín día N+1)

Pronto habrá más fotos y más vídeos, a ver cuándo sacamos un ratín para subir todo el book.

Hoy he dejado por primera vez toda la mañana solos a los monstruitos, viendo que Tontín se las apañaba para guarecerse de Yin estos días.

Al volver me he encontrado con parte del salón y del cuarto de cuarentena lleno de "pájaros desplumados", al más puro estilo del día que juntamos a Yin con Yang. La puerta del salón estaba cerrada, y aunque no me preocupaba demasiado porque tenemos el salón con el resto de la casa comunicado por el balcón, eso refrendaba que había habido algo más que palabras. Yin y Yang me esperaban encima de la mesa, juntitos y como pasando revista, sentados y tiesos. Me he empezado a asustar al ver tanto plumerío por ahí, y he buscado a Tontín por los sitios usuales: el balcón, la parte inferior del rascador, bajo su cama, bajo la nuestra, encima de nuestra silla... y en mi armario, que efectivamente estaba entreabierto.

Tontín estaba agazapado detrás de un montón de ropa (estos últimos días ha ido allí unas cuantas veces, es un buen refugio) y esperaba encontrármelo con un ojo colgando, como poco (bueno, no tanto porque tengo a mis bichos con las uñas bien recortadas en este tipo de situaciones). Afortunadamente, parece que aparte de heridas en el amor propio, no había ni un solo rasguño por ningún lado. Así que le he dado mimitos un buen rato, y lo he dejado dormitando allí, tranquilito.

Hoy me he dado cuenta de que come muchísimo más que Yin y Yang (juntos, casi diría), quizá por el tema de los parásitos internos. Ayer le di la pastilla de refuerzo, espero que esto le deje limpio como una patena.

Y éste es el resumen por hoy. ¡Ahora toca alimentar a los monstruitos callejeros!

jueves, 12 de mayo de 2011

Atrapado en el tiempo (Tontín día 11 y sucesivos...)

La rutina de estos días es la de dejar a los gatos juntos mientras estoy en casa (por las tardes hasta casi las doce de la noche) hasta que vea que se llevan bien. Por el momento, la dinámica es "estar un rato tranquilos, cada uno por su lado, acercarse Yin, bufarle Tontín, salir corriendo Tontín, salir disparado Yin detrás en plan 'panterator', tener un encontronazo de mandobles en algún lado, reñir a Yin, dejar a Tontín tranquilo en el cuarto de cuarentena una media hora para apaciguar los ánimos, y repetir".

A Tontín no le hace ninguna gracia ver a Yin cerca, y éste no pierde la ocasión para ir detrás. Se le nota una mezcla entre ganas de jugar y ganas de pelea. Yang es más civilizada y se limita a bufarle cuando se lo encuentra, y alejarse de él.

Con el carácter superbonachón de Tontín esperaba que fuera más rápido de lo normal, pero evidentemente está siendo un caso "estándar", así que sólo cabe aplicar paciencia y que se sigan acostumbrando a que hay más gatos en la casa.

martes, 10 de mayo de 2011

Tontín, día 10

Por las tardes, libertad condicional. Vamos a empezar con la rutina de dejar salir a Tontín a tiempo parcial para que enrede por toda la casa y vaya teniendo "encontronazos" controlados con mis gatos. Por de pronto, mantengo las distancias a menos que oiga que la cosa empieza a tomar un cariz medianamente serio, pero en toda la tarde apenas he oído un par de bufidos fuera de los decibelios estándar (y de los otros, no más de tres o cuatro, casi todos de Yang) y un amago de "abofetearse" con más bien poco énfasis.

He separado a los gatos un poquito (un cuarto de hora o así) cuando ha habido alguno de estos rifirrafes, y al volverles a abrir, es casi como un "reset" al ordenador: aquí no ha pasado nada, sigan circulando.

Todo sería más fácil seguramente si Yin no fuera tan "tocapelotas" y se pasara toooooodo el tiempo detrás de Tontín. Tontín es muy bueno, pero tiene sus límites, y acaba hasta las narices de que no le deje tranquilo, con lo que se va alterando cada vez más. Como le dé por correr, la hemos fastidiado: Yin saldrá detrás de él a la velocidad del rayo con la intención de darle un buen mordisco en las cachas (jugando, claro). Y eso Tontín aún no lo tiene nada claro.

He encontrado el truco (ayer, para ser exactos) para limpiarle fácilmente la herida de la esterilización. Como cuando le rasco la parte de la espalda más cercana al culete lo levanta en pompa, me coloco delante de él y le rasco. En cuanto levanta el culete, con la otra mano le froto la gasa humedecida en Eqmina (con cariño) y él se mueve un poco adelante o hacia los lados, pero nada que evite que le siga acariciando con una mano y frotándole con la otra una docena de veces, tras lo cual doy por finalizada la sesión y le sigo acariciando un rato más, ya sin tocarle los... bigotes.

Esta tarde me ha sorprendido ver a Yang saltando en un sofá como una posesa sobre Yin y dándole un buen mordisco en la cacha (también jugando), para luego salir escopetada y que Yin la persiga. ¡Cómo se pone las pilas cuando quiere!

Echamos mucho de menos a Marta. A ver cuándo puede conocer a nuestra nueva estrella invitada.

lunes, 9 de mayo de 2011

Tontín, día 9

Revisión, guay. Premio, un poquitín más de libertad para Tontín.

Como de costumbre, ha estado supermanso pese a todas las perrerías (o gaterías) que le hemos hecho para mirar aquí y allá y asegurarnos de que todo estaba en regla. En los trayectos no se queja ni un poquito al ir en transportín (y eso que en el coche me dio una lata...). Todos los veterinarios están encantados con él. Como dice nuestro querido comentarista, habría que llamarle "buenín".

Esta vez, en casa, le he dejado bastante más cancha que ayer. Libertad condicional (a condición de que no hubiera ningún altercado) que han respetado perfectamente (los bufidos ocasionales son delitos menores y no cuentan mientras no vayan a más) durante un buen rato; Tontín merodeando por la casa, Yin siguiéndole allá a donde fuera. Yang calculando el lugar más alejado de ellos dos para quedarse por allí tranquila. Tontín sale hacia otro lado, Yin le sigue, Yang cambia de habitación. Tontín se para, Yin lo huele, Yang... ¿dónde está Yang? Tontín bufa a Yin, Yin se tumba en el suelo a su lado. Yang sigue sin dar señales de vida. Tontín reanuda su marcha, Yin vuelve a ser su estela, Yang sale de la otra punta de la casa y vuelve a donde estaba antes de que vinieran a molestar. Al cruzarse, ella le bufa y él se espanta un poco y da un rodeo para no cruzársela. Menuda es la Yang...

Luego un rato de tranquilidad. ¿Dónde estarán? Voy a echar un ojo. La puerta del armario estaba un pelín entreabierta (ayer intentó abrirla, pero no se aclara; haciendo cosas raras con el cuerpo es posible que la haya conseguido abrir si estaba una pizca abierta). Abro el armario y, efectivamente, en el "santuario de los gatos" (creo que todos los gatitos que han pasado por casa han estado alguna vez allí), sobre una pila de jerséis calentitos de Marta, yace el cuerpo tranquilo de Tontín, hoy con unos ojos más abiertos que de costumbre, enseñando su precioso color verde con algunas perlas más azuladas. Yin estaba tumbado bajo la cama. Tontín sale del armario, molesto por mi intrusión y quejándose con un dulcísimo "miauwauwau" (¿en qué dialecto habla?) y Yin reemprende la persecución.

Y así durante una hora y pico.

Luego un enorme "catacroc", y Yin saliendo disparado de la habitación de la cuarentena. El tío se ha subido al planchero (por lo general deliberadamente llena de trastos para que nadie ose subirse, pero esta vez aderezado con la propia plancha, que normalmente está en la cama de la cuarentena pero al cambiar las mantas la dejé allí por despiste), la ha desestabilizado y ha tirado planchero, plancha, trastos y un caballete que estaba apoyado contra la pared detrás del planchero. Tontín ha salido disparado detrás de Yin en cuanto he entrado al cuarto.

He ordenado un poco el tema, dejando la plancha en la cama, y estos han seguido con su historia. Yin dormirá genial hoy (lleva durmiendo conmigo desde que se fueron Sorpre y Botón, formando una diagonal perfecta en la cama con la posición de Yang; ella a mis pies, Yin donde iría la cabecita ausente de Marta).

Luego he vuelto oír bufar a Tontín. He ido a ver qué pasaba (aunque me lo imaginaba) y estaba Yin intentando olerle hasta el DNI si tuviera. He cogido a Tontín en brazos y me lo he traído al regazo delante del ordenador, acariciándole. En menos de medio minuto ya tenía a Yin incordiando, y luego se ha sumado Yang. Yang ha llegado, le ha mirado (Tontín tenía su cara bajo mi brazo, sin poder ver nada), se ha puesto de puntillas para olerle, ha vuelto a bajar y le ha bufado como si fuera una cobra real. Ahí Tontín se ha puesto nervioso, girándose para verla, devolviéndole el bufido ("¡Eso lo serás tú!") y ha empezado a moverse inquieto. Momento en el que he decidido que bastantes experiencias paranormales por hoy. De vuelta a la cuarentena, y mañana más (o esta noche antes de acostarnos, pero un poquito sólo, mientras reparto comida).

Hay fotos y vídeos a porrillo, a ver cuándo me puede echar Marta una mano con estos y con los que tenemos atrasados y vamos completando el puzzle.

sábado, 7 de mayo de 2011

Tontín, día 7

"No me mires así, que igual te voy a hacer las curas"
Tontín tiene tenias. Decidlo rápido tres veces seguidas.

Este mediodía, justo cuando le intentaba dar el último cuarto de calmante (digo intentar porque me cuesta lo suyo, y eso que es un trocito de pastilla ínfimo) le he revisado la herida antes de limpiársela con eqmina y gasas, y he visto el bucólico cuadro de un gusano como de un centímetro cayendo hacia la herida y de otro de dos y medio asomado en el recto. Un gusano blanco y ondulante. Perfecto para la hora de la comida, mmm.

He ido a toda prisa a por la gasa y la eqmina (un betadine para gatos, bueno, inicialmente para caballos pero que sirve para otros muchos animales) y, al volver, ya no estaban ninguno de los dos (probablemente Tontín se los haya vuelto a comer o, en alguno de los intentos de huida para que no le diera la pastilla, los perdió por el camino, o se le reintrodujeron en el ano y estaban intentando entrar en vez de salir). La mantita azul que me prestaron en la veterinaria tenía como tres o cuatro granitos de arroz (al ser la manta azul, destacaban muchísimo; con una de nuestras mantas naranja, no me habría dado cuenta). Aproveché que aún no habían cerrado la clínica para preguntar qué hacía, y me dieron luz verde para darle la pastilla antiparásitos (sólo le pusimos la pipeta antes de la operación para no abusar de químicos en su cuerpo e íbamos a esperar hasta el lunes para la pastilla) y me han dicho que en principio no hay nada de lo que preocuparse con respecto a que estén cerca de la herida.

Después de 15 minutos de googlear (en inglés, porque buscando "tenia gato" en castellano aparecen miles de entradas en los que han escrito mal "tenía gato", algo muy común) ya me hecho una composición bastante clara del asunto de las tenias, un parásito que vive en el intestino de ciertos animales y que en el caso de los gatos, requiere de que éste se haya comido previamente una pulga que a su vez se hubiera alimentado de huevos de tenia. Luego va soltando "eslabones" de su cuerpo que son como granos amarillos de arroz que van cargados de huevos, que al salir del culo del animal cerrarán el ciclo de la infección. Vamos, que la buena noticia es que los huevos que haya podido dejar por ahí (aunque he limpiado a conciencia, sobre todo el pelaje del gato y la zona perianal, y seguiré haciéndolo hasta que no quede rastro) al parecer no les contagian si son comidos directamente (en resumen, necesitan de la protección del cuerpo de la pulga para superar el ácido estomacal), pero la mala noticia es que podría tener pulgas, aunque no las hemos detectado ni los excrementos oscuros que suelen dejar. Quizá fuera antes de llegar de la veterinaria de Valencia a casa de su acogida, perdiéndolas cuando lo bañaron por haberle dejado demasiado tiempo en la veterinaria dentro del transportín y devolvérselo, hablando en plata, bañado en sus propios excrementos.

Así que le he dado la otra pastilla (ésta vez ya voy cogiendo el truco de ponerlo panza arriba, hacer que abra la boca y dejarle caer la pastilla directamente en su garganta) y hacia el viernes me comentó el veterinario que habrá que repetir para asegurarse.

Justamente esta mañana había dejado pasar a Yin y a Yang un poquito para que fueran haciéndose al olor de Tontín. Supongo y espero que no les pasará nada por lo ya comentado y porque anteayer les puse la pipeta a todos y ayer ellos se tomaron la pastilla. Pero para la próxima, tomo nota de que no es buena idea romper la cuarentena con un gato callejero.

Aparte de eso, Tontín está muy bien. La herida está perfectamente cerrada, ni siquiera mancha apenas la gasa al limpiarle, y él está muy tranquilo como siempre (por cierto, las tenias no son a priori muy perjudiciales para ellos, pero puede ocasionar letargo, depresión, irascibilidad, irritabilidad de colon y, en casos extremos, delgadez y anemia). A pesar de las tropelerías que me ha tocado hacerle para darle las pastillas y hacerle las curas, él se sigue arrimando una y otra vez y hasta me enseña la tripita cuando llevo un rato acariciándole y de repente dejo de hacerlo por alguna razón, animándome a que siga.

Es un amorzote, estoy deseando que puedan estar juntos. Yang sigue bufándole y a Yin le ha gruñido un poquito, pero todo se queda en palabras y todos están muy curiosos acerca de la otra parte.

viernes, 6 de mayo de 2011

Me quito el sombrero

Hay una nueva gatita negra en el mundo. No sé su nombre, tal vez ni siquiera lo tiene todavía. Aún es un bebé, rondará el mes. Es una gatita negra llena de vida, maulladora, inquieta, deseosa de descubrir el mundo, como bebé que es.

Pero esta gatita es especial. Nació con una malformación en las patas traseras que le impide moverlas. Ha nacido paralítica y parece ser que siempre lo será. Su dueña la llevó al veterinario para sacrificarla en medio de un mar de lágrimas, estaba realmente apenada. La gatita tenía los minutos contados, con tan solo un mes de vida y una salud perfecta, por lo demás.

Esta gatita, no obstante, nació con estrella, que se dice, porque mientras maullaba en la mesa del veterinario, esperando su muerte inminente, un ángel oyó su llanto y se acercó a verla. Ángeles, que así se llama, es la peluquera en esa clínica y está harta de ver sacrificios absurdos: gente que se cambia de piso y sacrifica a su perro porque en el nuevo no le dejan tenerlo, gente que se rompe una pierna y sacrifica a su perro porque no lo puede sacar a pasear... Y como está harta de ver animales morir sin sentido, y como hace poco perdió a su perrita y tenía un hueco que llenar en el hogar, decidió salvar la vida de esta gatita y quedársela. Así que la mandó de vuelta a su casa, con la mamá, hasta que se destete del todo, y luego le tocará cambio de casa.

Ángeles ha recibido todo tipo de avisos de que será difícil, de que sufrirá tanto ella como la gatita, de que cada día será terrible. El veterinario es el primer partidario de sacrificar a la gatita, y le ha dado a esta chica una charla, explicándole por qué es tan mala su decisión. Pero no consiguió convencerla. Quiere darle una oportunidad a la gatita, y la tendrá. Ella sabe que existen sillas de ruedas para gatitos, como esta:


Sabe que se producen llagas que hay que desinfectar, que necesitará cuidados especiales, que supondrá más gastos que cualquier otro animal... Pero también sabe que es un ser vivo que merece una oportunidad, y sabe que, si fuera un bebé humano de un mes, nadie se plantearía matarlo por no poder usar las piernas. Pero un gato, ¿qué es un gato sin patas? La primera opción es sacrificarle, cómo no. Es la opción cómoda, lo fácil, lo que ahorra a la gente tiempo, dinero y preocupaciones varias.

Y lo digo yo, nada menos, que hace años sacrifiqué a mi gata porque se quedó paralizada de las patas de atrás. Ironías del destino. La llevé al veterinario, y me voy a ahorrar los epítetos porque aunque entonces yo no tenía la menor idea de nada, ahora sé que aquel tipo mató a mi gata porque le dio la gana. No sólo no me informó de que a veces la parálisis puede ser temporal y que puede deberse a un pinzamiento. Se limitó a encogerse de hombros, hacerle una radiografía y decirme que no sabía qué le pasaba. Que se iba a gangrenar y que habría que amputar, que mejor la sacrificara. Y, desinformada como estaba, lo hice cuando le empezaron a salir las primeras yagas y vi que iban a más. Y lo lamento, tras todos estos años que han pasado y con toda la información de la que dispongo ahora.

Por eso me quito el sombrero ante lo que hace Ángeles (de quien orgullosamente puedo decir que es una gran amiga de toda la vida) de enfrentarse a todo el mundo y dar la cara por la gatita. Ahora está intentando informarse de cómo se cuida a estos gatos, de qué problemas dan, de si sufren o si son felices, si se desenvuelven solos... No para replantearse el sacrificarla, que no lo va a hacer (al fin y al cabo, para morir siempre hay tiempo), sino para estar preparada y darle el mejor de los cuidados. Y francamente, creo que un gato perfectamente sano en la calle será mucho más infeliz y pasará muchos más apuros que una gatita paralítica con esta pedazo de mamá (y papá, que el marido está de acuerdo, lo cual indica que los tiene muy bien puestos también) y en un hogar donde no podrá ser más querida.

Nuevamente, digo, me quito el sombrero. Independientemente de si la aventura acaba bien o mal, de si al final las cosas se complican y la situación se hace de algún modo insostenible, el mero hecho de haberlo intentado hace que esta grandísima persona goce de toda mi admiración. Y es que las personas que lo intentarían se cuentan con los dedos de una mano.

Y ahora os dejo un reto: encontrad las siete diferencias, porque yo no las veo:


Tontín, día 6

Pues ha ido todo muy bien. Las enormes razones que hacían necesaria la esterilización de Tontín han sido neutralizadas. He ido a la una y media a preguntar por él y, como ya estaba bastante espabilado, me han dejado traérmelo a casa.

Ahora empieza el ritual "toma la pastilla/te limpio los huevines" durante tres o cuatro días cada ocho horas (la pastilla sólo hasta mañana por la tarde), y el lunes toca revisión oval.

He puesto el cuarto de cuarentena patas arriba para que el susodicho no se subiera a la cama haciendo sobreesfuerzos, pero en un ratito que me lo he dejado solo, he visto que el condenado se había subido a los colchones que había dejado tumbados contra la pared. Total, que para que no saltara medio metro, va y salta uno. Así que al final he dejado la cama como estaba y he añadido el rascador al lado para que le haga las veces de escalera y no tenga que esforzarse si quiere subir. Normalmente lo dejamos todo a ras de suelo, pero como no me esperaba traérmelo tan pronto, había aprovechado para poner a lavar la manta y la colcha-empapador que tenemos expresamente por los gatos (es un piso de alquiler, no queremos que estropeen nada) y no se ha secado a tiempo.

Hay vídeo de cuando lo he traído a casa, está mucho menos borrachín que nuestros otros esterilizados, pero hizo algo divertido cuando no le hacía caso: se tumbaba boca abajo en el suelo y se frotaba la espalda contra él. También está grabado :) Mañana o pasado pondremos imágenes en todas estas entradas.

Al final, entre operación y cuidados ha costado 150€. No le encontraron nada más en la patita que la inflamación que ya conté ayer, así que a partir del lunes veremos cómo enfocamos ese problema, y cruzaremos los dedos para que no sea una inflamación crónica por una rotura de huesecillos mal soldada o algo por el estilo.

Gracias a todos por preocuparos por él. ¡Lametoncetes de su parte!

Añado el vídeo:


martes, 3 de mayo de 2011

Tontín, día 3

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y de que yo tenía las manos ocupadas con la bolsa de pienso y el bebedero lleno, Yin se ha colado en la habitación de Tontín mientras éste olisqueaba el comedero a la entrada. Le ha ignorado completamente y se ha ido a la caja de arena a olisquear todo lo gatunamente olisqueable.

Ante tanta parsimonia mutua, le he dejado hacer. Yang miraba desde el otro lado de la ventana (a ella no la dejé entrar porque poco antes Tontín se había acercado al hueco de la puerta (siempre que diga "ventana" leed "puerta acristalada") y Yang le había bufado con su peor cara posible.

Yin ha seguido oliendo aquí y allá, y al cabo de un par de minutos Tontín ha decidido acercarse a ver qué se contaba el hombre. Ha empezado a olerle el culo a Yin mientras éste seguía con la cabeza metida en el arenero, y finalmente Yin ha salido. Se han encontrado de morros, y se han olisqueado mutuamente los hocicos. Luego Yin ha seguido oliendo el transportín, y Tontín ha vuelto a su comedero.

Un minuto después, han repetido el tema de quedarse frente a frente, pero esta vez Tontín ha empezado a bufarle y Yin le ha dado un poco de cancha. Después, Tontín se ha subido a la cama, y a Yin le ha faltado tiempo para saltar también. Ahí, Tontín ha vuelto a bufar con más ímpetu, momento en el que he decidido dar por concluido el primer acercamiento de la temporada, sin heridos. La cosa va bien.

Un poco más tarde he vuelto a pasarle el Furminator, y apenas hay restos de pelo ya. Se ha puesto a ronronear como una moto y se ha hecho un ovillito junto a mi pierna mientras le cepillaba sentado en la cama. Es tan tierno y tan bueno...

Al final, la veterinaria estaba cerrada hoy, así que no he podido pedir hora para esterilizarle y mirarle la pata. Sigue cojeando, y fijándome mejor, hay algo raro con el dedito de atrás de la pata derecha. A diferencia de los demás, su uña no es retráctil. ¿Se le habrá roto un tendón o algo así? Veremos si puedo pedirle hora para cuanto más pronto, mejor.

Hay vídeos de todo esto, pero habrá que esperar al fin de semana con algo más de tiempo para subirlos.

domingo, 1 de mayo de 2011

¡Cumple Yang feliz!

Hace un poquito más de un año, estábamos muertos de impaciencia para saber a qué hora iba a llegar la chica que nos traía, desde Vitoria (¡como si en Castellón no hubiera gatos, como dijo la madre de Marta cuando se lo contamos!), a una pequeñina acogida por Esperanza Felina.

Cuando llegó a casa y la pude ver en directo, mi primera impresión fue que aquella gata debía ser japonesa al menos. Me pareció que tenía una forma de cara muy, muy curiosa y alejada de mi idea abstracta sobre caras de gatos. De paso, también me quitó de un plumazo la sensación de que nunca iba a saber distinguir entre dos gatos negros. No hay más que ver la cabecera de este blog, aunque aún así, los primeros días al estar de espaldas o con poca luz, tardaba varios segundos en procesar quién era quién.



Como comentaba Marta en un foro, contra todo pronóstico, en lugar de esconderse como suelen hacer, se puso a olisquear y curiosear por todo el cuarto.

Seguimos el comienzo de las pautas de presentación "estándar": gatitos separados (Yin por supuesto, desbocado y tratando de entrar en la habitación a cada poco), que se puedan ver y oler progresivamente... pero nos pudo la impaciencia y, antes de la primera semana, ya dejábamos que tuvieran algunos primeros contactos. Y vaya contactos; mi impresión después de su primer encontronazo fue que habían matado a un pájaro bajo nuestra cama (de veras que lo creí) al ver tantísimo plumaje rodando por ahí.

Así que Yang comenzó su andadura llevándose a matar con Yin. Recuerdo perfectamente los lamentos preocupados de Marta: ¿algún día jugarán juntos, o los veremos acurrucados en algún lado? Un año después los hemos visto de todas las guisas: corriendo, pegándose (¡y no siempre provocado por Yin!), huyendo, jugando a pillar... Yang es una gata inteligentísima y adorable, además de divertida. Cuando le entra su "momento juguetón", no hay más que verla subiéndose a la mesita del comedor y levantando y moviendo el culete para lanzarse a toda velocidad a por Yin (que probablemente esté tirado en el suelo frente a ella, provocándola).



La única "pega" de Yang con Yin es que estos estados de juego con él no le suelen durar más de cinco minutos en intervalos de varias horas, y Yin necesita muuuuuuuuuucha más acción para ser feliz. Aparte de eso, es una gata a la que no le interesa prácticamente nada de comida que no sea su pienso, su latita Gourmet y, por supuesto, las barritas de golosina del Mercadona (se vuelve loca por ellas). Cualquier otro tipo de comida la rechaza, algo en lo que Yin ya podría parecerse a ella.

Es capaz de dormir con nosotros además de haberse hecho sus siestas, sin levantarse en toda la noche ni molestar. Eso sí, su ritual comienza con nosotros dentro del cuarto con la puerta cerrada, recién acostados, y ella fuera. Tras comer algo e ir al baño, y asegurarse de que no hay ningún otro gato alrededor, viene a la puerta y hace un maullidito muy tierno a la vez que extraño (siempre maúlla algo así como "¡ñgué!", debe de ser euskera gatuno) y entonces, tras abrirle la puerta, entra lanzada en el cuarto y suele esperar a que nos acostemos para subir a la cama y acomodarse.

Ya por la mañana, a la hora a la que nos solamos despertar, comienza a amasarnos para que la dejemos salir para ir al baño y a comer algo (y como no le quede comida, volverá y seguirá amasándonos y maullándonos hasta que la sigamos allí y le pongamos más comida). Y el resto del día no sabemos nada más de ella: se convierte en una gata ninja a la que nos podemos encontrar tomando el sol, patas arriba en el sofá enseñando su tanguita blanco, o hecha un ovillo frente al ordenador de Marta sobre la mesa del comedor. No hace ruido, no tira cosas, no maulla todo el día desesperada, no se mea por cualquier lado ni trata de destrozar cualquier objeto de papel que se le cruce por delante. Aunque si tiene hambre y hay una bolsa de comida cerca, prepárate para encontrártela abierta cuando vuelvas.

No es muy partidaria de las caricias; aunque le gusta estar cerca de donde está la gente, apenas soporta pocos segundos de acariciarle el lomo (ni hablar de la tripita), y luego huye disparada. Sabe abrir armarios, y no es nada raro encontrarla dormitando por ellos.

Le ENCANTA jugar con cañas de pescar y todo tipo de artilugios móviles, aunque no hace caso de las pelotitas de ping pong (algo que volvía loco a Yin o a Sopre). Y, si tamborileas los dedos en el marco de una puerta (el gesto típico cuando estás esperando a alguien y te apoyas mientras aburres), ella acude hasta su base y (a veces sin que tú mismo te des cuenta de lo que estás haciendo) salta escalando el marco para intentar tocar tu mano con su cara. Simplemente, impresionante (¡y menudo susto me llevé la primera vez, que ni la vi venir!).

También se vuelve loca -literalmente- cuando limpiamos la bañera con lejía, normalmente porque Yin ha meado alguna cosa. Ella viene, empieza a oler el suelo cercano a la bañera, y se retuerce en posiciones imposibles para frotarse contra todo el universo a su alrededor. ¡Incluso la primera vez se llegó a poner agresiva cuando intentamos separarla de allí! Menuda yonki...

Es super limpia con la arena (a diferencia de Yin o Sorpre, que en demasiadas ocasiones no tienen inconveniente en dejar sus deposiciones bien visibles), y no le gusta demasiado la malta. A veces ha llegado a quererla tomar si antes me la he aplicado en un dedo y se lo acerco, pero por lo general acabo rebañándole la pata (y ella sacudiéndola y dejando pared, muebles y suelo embadurnados de gotas de malta). Ahí podría aprender de Yin o Sorpre, que si por ellos fuera se abrirían el bote y se lo meterían entero en el gaznate.


Y con los gatos foráneos suele ser arisca, aunque aprende rápido a ignorarles y tolerarles. No tengo ningún recuerdo consciente de que haya iniciado nunca un contacto con algún otro de los adoptados, e incluso tenemos el divertido recuerdo de Sorpresa (el gato más mimoso jamás visto) saliendo del cuarto de cuarentena a toda velocidad y frotándose contra ella, quedando ella completamente petrificada, con los ojos como platos y sin saber cómo actuar.

Con los humanos foráneos suele ser también distante; se suele limitar a verlos de lejos, y poco más. Aunque con la visita de los adoptantes de Sorpre y Botón la que nos sorprendió fue ella estando cerquísima de ellos, curioseándoles. ¡Hasta a ella le cayeron bien!

No sé si me dejo algo, pero en cualquier caso vendrá Marta al rescate. En resumen y conclusión, Yang nos ha enseñado hasta qué punto pueden ser diferentes dos gatos, así que (aunque al final no fuera la gatita blanca que buscábamos para Yin) el nombre lo tiene muy bien puesto.

Tenéis un bonito reportaje fotográfico en el hilo del foro de Esperanza Felina.

jueves, 21 de abril de 2011

Sorpresas te da la vida

Como si fuera una película hollywoodiense en la típica despedida final de los protagonistas, hoy es un día gris y muy lluvioso. Afortunadamente, en nuestra historia no se trata de una despedida final, sino de una adopción. Dos, para ser exactos.

Hace unos días, una pareja contactó con Marta preguntando por Sorpresa; van a tener un bebé dentro de unos siete u ocho meses, y tenían un gato hasta hacía relativamente poco, un callejerito que adoptaron de adulto y que murió por los comunes problemas renales que presentan los que prefieren la vida callejera a la casera. Como querían que su bebé naciera teniendo cerca a un animalito, buscaban a uno de esos gatos buenazos que de vez en cuando estaban en adopción. Cómo no, ¡ése es Sorpresa!

Como muchos ya sabéis, tenemos recientemente también a Botoncita, una peque que, desde que llegó a casa, fue el ojito derecho de Sorpresa. Sorpresa es, por lo demás, un gato muuuuy juguetón y mimoso con otros gatos, de forma que desde el principio él y Botón se llevaron especialmente bien. Por eso, dado que Botón también tenía visos de ser una gata tranquilita (que más bien rehúye el contacto con humanos, pero no le hace asco alguno a sus mimos cuando está tranquila), les propusimos la oferta "dos por uno", que no han podido rechazar.

Hemos estado un par de horas charlando, contándoles acerca de sus caracteres y deshaciendo algunas de sus preocupaciones mediante la explicación exhaustiva de cómo afrontar ciertas situaciones. Son una pareja majísima, con la que enseguida hemos congeniado (lo cierto es que siempre hemos tenido mucha suerte en este aspecto de las adopciones, ¡esperamos que siga la racha!), y fue muy divertido un momento en el que Marta, en una conversación telefónica previa, me dijo "me ha dicho lo consultará con la su mujer" (o algo parecido). Yo le respondí que no habría dicho eso, que "la mi mujer" es asturiano y no se usa por aquí (aunque en valenciano sería "la meva dona" también, pero no es una traducción nada común en castellano). Estando ellos por aquí, le detecté a él una frase acabada en "oh", y fue finalmente, tras un comentario acerca del taller de coches que el hermano de Marta tiene en Asturias, cuando ellos dijeron a la par: "¿Eres de Asturias? ¡Nosotros también!"

El contrapunto lo dio Yin (para variar), que cuando habíamos dejado preparados los transportines con sus mantitas para acomodar a los dos adoptados, le faltó tiempo para meterse en uno y marcarlo con una de sus típicas meaditas. ¡Pero qué trasto de gato! Si no fuera tan genial, se lo regalábamos.

En definitiva, ahora la casa parece vacíiiiiiiiiia, y silenciosa. Veremos quién es el guapo que aguanta a Yin. Por cierto, que Yang nos sorprendió gratamente siendo muy amistosa y sociable con las visitas; estuvo todo el rato con nosotros, acercándose para que la acariciáramos, y estudiando con curiosidad a los invitados. ¡Ver para creer! ¿Quién es ella y qué ha hecho con nuestra antisocial Yang?

Sin más, esperamos que Sorpre cumpla con las expectativas y siga siendo el buenísimo que siempre ha sido, y que Botón mantenga el sendero de gatita tranquila que se le intuye. ¡Y que sus nuevos dueños los disfruten tanto como nosotros los hemos podido disfrutar!

P.D.: ¡Susto ya tiene adoptante definitivo en Alemania! ¡Hurra!

viernes, 1 de abril de 2011

Solo en casa (bueno, no tan solo)

For the records: Marta lleva desde hace un par de semanas trabajando en una productora de animación en Bilbao, donde estará durante un mes y medio más, aproximadamente.

Así que me he quedado solo ante el peligro: cuatro desbocados gatos, cuatro, a cuál más encantador:
-Yin, que se meó en la maleta de Marta cuando sólo faltaba meterle un utensilio más antes de cerrarla y salir pitando para la estación de autobuses.
-Yang, que no duda en pasar por encima de mi cadáver durmiente por las mañanas para indicarme amablemente que es hora de salir de la habitación y ponerle su ración en el comedero.
-Sorpresa, nuestro re-acogido, que probablemente es el causante de que cada día la mitad de los trastos de casa estén por el suelo, porque no para de jugar con
-Botón, nuestra última acogida, una gatita de unos cuatro meses y bastante asustadiza aún, dado que no puedo pasar mucho tiempo con ella y no ha podido acostumbrarse al trato con humanos (aunque con los gatos se lleva genial).

Sorpresa se "pidió" a Botón en cuanto la vio. Son los dos un amor, no paran de jugar el uno con el otro y saltar y brincar, retarse y morderse a un ritmo tan enérgico que Yin ni siquiera hace más amago que el de tumbarse a mirar. Mientras escribo estas tres líneas (y escribo rápido), han pasado tres veces por mi lado recorriendo la casa de punta a punta, escalando sofás y subiéndose a camas. En cuanto Sorpresa la atrapa, la tumba en el suelo, le muerde el cuello y empieza a chupetearle toda la cabeza.

A Botón le encanta que le rasquen y le acaricien (es la única aparte de Sorpresa que se deja acariciar la barriguita, pero es que encima te la ofrece cuando llevas un rato rascándole el lomo). El único problema es que para llegar a acariciarla probablemente habrá que perseguirla durante cinco o seis minutos por toda la casa (hasta que va a refugiarse a su cestita, donde se hace un ovillo y se deja hacer). Cogerla en brazos (levantarla del suelo, en general) es para ella el mayor trauma del universo (otro rato adjunto foto de mi antebrazo...). Incluso sólo con mirarla sale corriendo. Pero tiempo al tiempo, realmente es un amor. Después de ponerle la primera vacuna, y tras alguna incursión de los demás a la habitación de cuarentena donde vimos que se llevaban muy bien (llevaba una semana y media aislada, viéndose por los cristales), la dejamos suelta por casa, y es fantástico ver a una pequeñina corretear con tanta felicidad por aquí.

Por el lado positivo, que los cuatro se llevan genial y, como forman un ecosistema bien balanceado (Botón juega con Sorpre, Sorpre juega con botón y con Yin, y como están todos entretenidos dejan a Yang tranquila), son completamente autosuficientes excepto por la comida (funden bolsas de comida a un ritmo bastante importante, una bolsa de 4kg cada dos semanas, aproximadamente) y por la arena (ídem con las bolsas de sílice, van a una por semana para los dos areneros que les tenemos preparados).

Por el lado negativo... Marisol (la mami de Sorpre y Susto) lleva un bombo encima que asusta, desde hace un par de semanas. Calculamos una futura camada de cuatro gatitos o así...

¡Os recordamos que Sorpre y Botón están listos para ser adoptados! Sorpresa ha aprendido además el truco del "¡Plas!" para tumbarse cuando le ofreces comida (tenemos un vídeo divertidísimo de Yin y Sorpre haciéndolo uno detrás del otro, y ayer me partía yo solo cuando lo hicieron perfectamente sincronizados en cuanto les ofrecí un suculento trozo de jamón de york).

Me pregunto si ciertos dueños de Zapatitos habrán hecho algún segundo pensamiento con respecto a un rebajacalorías gatuno con patas...

martes, 2 de noviembre de 2010

No celebramos Halloween

Os sorprenderá tal vez no haber visto en un blog de gatos negros ninguna referencia a la noche de Halloween, con sus adornos macabros y disfraces terroríficos. Ni siquiera una fotito de Yin y Yang con sombreros de brujas o calabazas ardientes. Y es que me niego a relacionar a los gatos negros con la brujería.

Dicen que los gatos negros son especiales. Es falso, y ya han llevado esa lacra demasiado tiempo y han sufrido por ella. Muchos son sacrificados en estúpidas ceremonias aun hoy en día, y los ignorantes creen que eso les ayudará a comunicarse con el más allá.

Desde aquí quiero dejar constancia de que los gatos negros NO tienen nada especial. Yin y Yang son especiales porque los quiero y son míos, pero de ningún modo por ser negros. El negro no es más que un color que salió al azar producto de sus genes, y que los hace preciosos, pero que de ningún modo les hace gatos "raros" o "especiales" como los llaman algunos. No, son gatos normales y corrientes que han tenido la (mala) suerte de nacer negros, lo cual les lleva a ser marginados, ignorados, temidos y sacrificados, exactamente como sucede con las personas de piel de determinado color en determinadas zonas. Y me niego a seguir alimentando esas creencias absurdas, especialmente en un blog público.

Por desgracia para ellos, los gatos negros sólo se traen mala suerte a sí mismos.

sábado, 16 de octubre de 2010

Casualidades

¡Para que luego digan que no existen las casualidades!

Esta mañana me llama un tío al móvil:

—Alooo, ¿puedo hablar con John?

(El dueño del perro de ayer se llamaba Juan, pero recordad que llegó hablando inglés, y en inglés Juan es John).

—No, creo que se ha equivocado. ¬¬
—Ah, perdón —y colgamos.

Jue, pues a mí esto me parece una casualidad, qué queréis que os diga. El "alooo" me persigue.

Mi pequeña y breve aventura perruna

Esta noche, cuando salí a dar de comer a los callejeritos, un perro se acercó correteando por la acera y se quedó mirándome con curiosidad. Yo también le miré a él con curiosidad, y miré a mi alrededor a ver si estaba el dueño por allí. Pero allí no había nadie. El perro era muy parecido a este (que lo he sacado de internet), aunque con el morrito más fino y carita de jovencito y de trasto juguetón, y un pelín más pequeño de tamaño:


Pensé en qué hacer. Daba la impresión de que el perro se había escapado, pues llevaba un arnés fuerte, con sujeción de pecho y de espalda, de cinta ancha y hebilla grande. Se mostraba un poquito asustadizo ante los movimientos bruscos, y un par de veces se alejó de mí y pensé que volvería a su casa o algo, así que aproveché para dar de comer a los gatitos, que se acercaron corriendo al ver el jamón de York. El perro también se acercó y se quedó observando a cuatro o cinco metros. Le di un par de trocitos de jamón a él también, y luego se puso a marcar con orina la bolsa en la que llevo la comida de gatos. Le di un aviso brusco y salió corriendo, pero no se fue muy lejos y de nuevo se volvió a mirarme. Di un paso hacia él y se alejó uno. Entonces le llamé y me agaché... y el pobrecillo vino correteando hasta mí y se dejó acariciar y revolver el pelo.

Pues nada, no podía dejarlo allí. Empecé a pensar con resignación en meterlo en el pequeño patio que tengo en casa hasta que apareciera su dueño. Pondría carteles, lo difundiría por internet... Pero lo primero era ir a la policía y a los veterinarios. Como era la una de la mañana, los veterinarios quedaban descartados hasta mañana, así que pensé en llevarlo a la policía de inmediato, por si fuesen allí a preguntar por él. No tenía ninguna correa, pero afortunadamente siempre llevo una larga cinta con mis llaves para colgarlas del cuello si se tercia, y en esta ocasión fue mi salvación: se la enredé en la hebilla con un nudo corredizo e hicimos a pie los diez minutitos de caminata hasta la policía. Se portó muy bien todo el camino, siguiéndome al paso sin jaleos. Quiso pararse a olisquear alguna cosa, pero por lo demás me siguió tranquilísimo.

Había tres policías varones y una mujer en la oficina de la policía local, y una pareja de ciudadanos con mala pinta, que se fueron poco después. Uno de los policías varones me preguntó con expresión cautelosa qué quería.

— Es que me he encontrado este perro —dije—. No quiero llevarlo a la perrera ni nada, pero lo traigo por si preguntan por él, para que sepan que lo encontré. ¿Qué hay que hacer?

Enseguida se hicieron cargo, y me dijeron que lo primero era ver si tenía chip. Trajeron el aparato y empezaron a pasarlo por el cuello del perrito, que se asustó mucho al ver al policía acercarse sin contemplaciones y se revolvió, asustando un poquito al hombre. Le di mimos, lo sujeté y le volvieron a pasar el chisme. Nada.

—Parece que no tiene —dijeron, haciendo una pausa para que el perrito se tranquilizase. Lo hizo enseguida, con unos cuantos mimitos y caricias.
—A veces se va hacia atrás —comentó otro policía.

Esta vez sujeté bien al animal, acerqué mi cara a la suya y le hablé bajito y le acaricié mientras lo sujetaba y ellos le pasaban el aparato por el cuerpo.

¡Bingo! El chip pitó. ¡Qué alegría! La chica se puso a mirar en el ordenador el número de chip y el nombre del propietario apareció en la pantalla. Me ofrecí incluso a llevarlo a su casa, pero le llamaron de inmediato para que viniera a buscarlo. La conversación más o menos fue:

—Alooooooo —dijo el dueño del perro (esto nos lo contó la chica después, lógicamente yo no lo oía).

A la chica casi se le escapa la risa.

—Hola, ¿es usted (su nombre)? —pausa—. ¿Usted tiene un perro que acaba de perder?
—Noooo —respondió el tío extrañado—, mi perro está aquí...
—No, su perro está aquí, en la policía local —risas silenciosas de la chica—. Sí, la policía local, aquí está su perro —pausa—. ¿Que dónde está la policía? Pues aquí... en la calle Jaime I —pausa—. Sí... eeehhh... donde las casitas —pausa—. Vale, hasta ahora.

Mientras la chica nos contaba la divertida reacción del dueño que aseguraba que su perro estaba allí, y se reía del "Aloooo" inicial preguntándose si el tío era extranjero, yo me senté en una silla a esperar y el perro se sentó... se levantó... se volvió a echar... se levantó... se me subió a las piernas para que le rascara la barriga... otra vez... Y así hasta que le obligué a estarse echadito y quietecito.

—Y usted —preguntó el policía varón que quedaba, pues los otros se habían ido ya—, ¿estaba paseando sola a estas horas?

Era ya la una y pico de la madrugada.

—Sí... Bueno... —titubeé, y decidí decir la verdad para dejar de parecer sospechosa—. Es que suelo bajar a estas horas a dar de comer a tres gatitos cachorritos que hay en mi calle, a ver si consigo que me cojan confianza para sacarlos de la calle y darlos en adopción.
—¿A dar de comer a los gatos de la calle?
—Sí, a tres cachorritos —pensé que me iba a decir que no se podía o algo así, por lo que me adelanté—. ¿Saben si hay alguna campaña de castración en el Ayuntamiento?

Se quedaron los dos, el chico y la chica, titubeando.

—Uf, no sé, si lo difícil es cogerlos... —dijo el chico al final.

Otra pausa.

—¿Colaboras con alguna protectora?
—No soy socia de ninguna, aunque estoy echando una mano a una de Vitoria, a quienes les he hecho la página web.
—¿Vitoria? —exclamó el chico—. Qué lejos.
—Sí... Es que adopté una gatita de allí.
—Ah... Es que a veces viene una chica de una protectora de Castellón a recoger perros. Se lleva los pequeños... porque los grandes nadie los quiere —puso cara de circunstancias.
—¿Fauna y Flora?
—Una protectora de Castellón.
—¿Fauna y Flora? —insistí.

Debió de pensar que le hablaba en chino mandarín, porque balbució algo y no dijo nada.

—¿Eres de Vitoria? —preguntó un momento después.
—No, soy de Asturias.

A estas alturas, pensé que me meterían en la cárcel por surrealista. Sonaba todo muy raro. XD

—Bueno, en Asturias no hace tanto frío como en Vitoria —fue todo lo que dijo el chico.

Por suerte, el chico no había estado presente, creo recordar, cuando dije mi nombre a la chica policía, porque mi apellido vasco igual le daba a entender que le estaba tomando el pelo o algo. :D

Finalmente, el dueño del perro apareció y la oficina se llenó de expectación, a ver quién era el de "alooooo". Era un tipo de aspecto normal, que saludó al perro diciéndole cariñosamente: "What have you been doing?", le puso la correa y luego ya pasó al castellano para preguntarme a mí si yo lo había encontrado. El perro se había levantado al verle y parecía feliz. Le comenté la zona por la que lo había encontrado.

—Es que lo dejo suelto muchas veces por la zona de los naranjos... A veces me ha aparecido en casa a las siete de la mañana.

Irresponsable, pensé.

—No se puede dejar al perro suelto por el pueblo —dijo el policía secamente.

—No, no —se apresuró a replicar el otro (¿por qué siempre somos tan cautos con la poli, como si nos fueran a detener por decir algo fuera de sitio?)—. Es la zona de los naranjos, allí abajo, que no hay casas, es todo prado.

El policía calló, pero no parecía contento.

—Bueno, muchas gracias —dijo el dueño del perro. Y salió.

Yo me despedí y salí tras él. Lo encontré fuera, esperando al coche que lo había traído y que había desaparecido. Me volvió a decir que a veces lo dejaba suelto y que no era la primera vez que se hacía una excursión. Le comenté que lo había llevado a la policía porque podían atropellarle o podía pasarle cualquier cosa, que tenía que tener cuidado.

—¡Uy, si ya lo atropellaron un día delante de mí! Bajó del coche, me distraje un momento cogiendo algo, y...

No escuché el resto porque una nube gris me nubló la consciencia.

—Pues eso, cuidado, que le puede pasar cualquier cosa.

Y me fui mientras él miraba alrededor buscando el coche que le había traído y que no estaba allí.

Y esta ha sido mi pequeña aventura perruna de hoy. Por suerte, tiene un final feliz... al menos esta vez. Y por suerte, dentro de su irresponsabilidad, el dueño le puso chip. Ya es algo.

Me pregunto cuánto tiempo pasará hasta que veamos al perrito de nuevo.