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sábado, 21 de mayo de 2022

Y adiós, Yin.

Decíamos ayer...

Hace cuatro años y medio, nos daban la noticia de que Yin sufría una enfermedad cuyo tratamiento aportaba una esperanza de vida media de unos tres años. Durante cuatro años, su calidad de vida ha sido extremadamente buena, al punto que nadie diría de él que estuviera enfermo.

Hace casi un año tuvo un bajón apreciable, con un incremento de cacas diarreicas y una pérdida severa de peso. Tras unos cuantos análisis, resultó estar infestadito de gyardias. Tras el tratamiento, parecían haber aparecido, pero empezó un declive más o menos lento. Hacia junio, esas deposiciones seguían líquidas (en principio, sin gyardias), y la conclusión fue que el clorambucilo no estaba funcionando ya y que era momento de pasar a una quimio de rescate, la lomustina. El problema con ella es que podía afectar severamente a su función hepática, así que había que ir con muchísimo cuidado. El bajo peso (alrededor de tres kilos y medio para un bicho que solía pesar unos seis en su época lozana) también suponía un problema, ya que por debajo de ese peso no se podría aplicar.

Con todo, nos liamos la manta a la cabeza (la alternativa era dejar que el cáncer siguiera su curso) y empezamos con la lomustina. Tuvimos que habilitar un tercer arenero, ya que las diarreas de Yin continuaban siendo bastante tremendas (e incluso explosivas, manchándose a menudo la cola, y provocando que los areneros estuvieran tan sucios que Yang se meara en nuestras camas como queja). Que tuviera diarrea era incómodo pero no demasiado preocupante; cuando le empezamos a dar la medicación contra las gyardias, Yin perdió el apetito. Y eso, en un gato cuyo apellido era "voraz", sí era preocupante, hasta el punto de vernos en el absurdo de estar ofreciéndole todo tipo de manjares (carnes, pescados, latas de atún) y hasta estimulantes del apetito y un sinfín de pruebas de comida húmeda y salsas saborizantes y otras historias.  A Yin, que apenas unas semanas antes nos habría arrancado esa comida de nuestras frías manos muertas.

En fin... de alguna forma, tras unas semanas que se nos antojaron eternas (el hecho de que hiciera amagos de probar tantas cosas distintas le provocó aún más diarreas, algunas tan explosivas que le asaltaban sin darle tiempo de llegar al arenero, con aullido incorporado de susto por su parte), el apetito se le empezó a normalizar, pero no así las cacas, que seguían pastosas y amarillentas. En noviembre, la situación era que en el veterinario nos preguntaron si no iba siendo hora de tomar una decisión, y decidimos revisar, antes de tomarla, que no fuera asunto de nuevo de las gyardias, llevándoles una muestra. Y... sí, era. De nuevo infestadito. El pobre debía de llevar meses arrastrándolas otra vez por una reinfección (son unos bichos que, en condiciones de inmunidad normales, no suponen mayor problema, pero que cuando pillan a alguien bajo de defensas, son bien difíciles de erradicar). De nuevo toda la ropa/mantas/fundas/etc. de la casa tuvieron que pasar por lavados a alta temperatura y desinfectantes (descubrimos una lavandería cerca de casa que nos facilitó el apuro), y el pobre Yin pasó de nuevo por antibióticos, estando ya con una pinta tan cadavérica que, cada lunes, mi previsión era que no iba a llegar al fin de semana. Por contra, Marta insistía en que iba a llegar a Semana Santa al menos. Ya no podíamos aplicarle siquiera la lomustina por falta de peso, así que volvimos al clorambucilo, del que nos quedaban algunas pastillas. Lo mimamos sin mesura, lo duchamos más de lo que le habría gustado cada vez que se embadurnaba en caca, sufríamos cada vez que le limpiábamos el culete para dejarlo limpio y lo notábamos irritadísimo (fácilmente iba siete u ocho veces al día haciendo cacas líquidas cada vez que comía alguna cosa, a los pocos minutos de comerla), y también probamos a ponerle algo de suero fisiológico por la deshidratación tremenda que llevaba a cuestas, aprovechando que lo teníamos para ponérselo a Yang por su insuficiencia renal crónica que le diagnosticaron por las mismas fechas (tenemos pendiente escribir también del tema, vaya años de no parar...).

Me alegré mucho de que ella tuviera razón, y no yo, y Yin aguantaba semana tras semana. Lo primero que le decía al verlo en el sofá cada mañana es "Buenos días, Yin, ¿cómo estás hoy? Además de vivo, claro". Se acostumbró a estar a medias entre el sofá (que teníamos acondicionado para cambiar rápidamente el sitio donde pudiera haberlo embadurnado todo de diarrea al salir del arenero) y una de las tronas de los peques en la cocina, donde estaba la mayor parte del tiempo haciendo de sistema de alarma antiintrusos: en cuanto alguien osaba poner los pies en la cocina, sus ojazos amarillos se disparaban junto con su gruñido clásico horripilante de "¿Quién osa interrumpir mi descanso eterno? Dame comida o muere". Por cierto, que durante este episodio nos dimos cuenta de que había perdido un montón de dientes delanteros sin que nos hubiéramos dado cuenta (a pesar de verle la boca noche tras noche al darle su pastilla de prednicortona). Teníamos a todo un desdentao.

Por Semana Santa, de hecho, algunas de las cacas empezaban a presentar un aspecto menos pastoso, e incluso hace unas semanas alguna tenía la consistencia que no habíamos visto en casi un año. Dejé de augurar que no terminaba la semana, y parecía que iba a poder resistir siendo el espíritu de la aceituna, un hueso andante, sine die.

Sin embargo, el fin de semana pasado algo pareció romperse definitivamente. De un día para otro, Yin empezó a dejar de comer, de nuevo. Ya no se interesaba por su chuche, ni por nada con lo que volvíamos a intentar tentarle. Y eso, con Yin, es mucho decir. A diferencia de la última vez, en la que mantenía una actitud vital por todo lo demás normal, esta vez lo veíamos tirándose en lugares donde no solía hacerlo, incómodo, con maullidos lastimeros. Le dimos medicación para el dolor por si tuviera alguna molestia, pero la situación no mejoraba en absoluto. Las cacas habían pasado a ser inexistentes y, si acaso, algún charco que encima era negruzco, denotando una más que probable hemorragia.

Así que, imaginando que esta vez "iba de verdad", el pasado miércoles lo llevamos al veterinario para una revisión por si las moscas. Allí nos dijeron que, básicamente, el hígado estaba bien. Pero, todo lo demás, no: hematocrito por los suelos indicando esa probable hemorragia, niveles de proteínas por los suelos, el linfoma siguiendo a su bola, los riñones fallándole, el páncreas inflamado... Con ese percal, en el que cualquier acercamiento para mejorar algunos de los problemas solo podía ser a costa de empeorar los otros, decidimos con todo nuestro dolor que hasta aquí podíamos jugar. Yin ya no podría disfrutar de una calidad de vida mínima y no tenía sentido prolongarle una agonía. Nos despedimos de él, dándole las gracias por todas las trastadas con las que amenizaba y amenazaba nuestras vidas, y lo dejamos dormidito para que lo eutanasiaran.

Esta entrada, con la que a él a buen seguro le gustaría que fuera recordado, se escribió hace seis años. En ese tiempo tuvo ídem de elucubrar nuevas torturas, como robarnos merluza mientras se estaba cocinando, arramblar de nuestros platos toneladas de comida mientras no mirábamos (y beber de nuestros vasos), destruir la bolsa de plástico que sobresalía de la basura, para posteriormente tumbarla, abrirla y esparcir su contenido por el suelo en busca de sus manjares...

Nos deja recuerdos imborrables, como la vez que nos fuimos de viaje un par de días cuando empezaba con lo de las gyardias y se nos quedó encerrado en el armario de la ropa sin darnos cuenta (pobrecito mío). Pero, sobre todo, pese a haber sido un digno gato de Satanás, nos acordaremos de su temperamento supersociable con gatos y humanos y de que siempre recibía los mimitos y juegos de buen agrado. Bueno, Marta me dice que los mimitos de ella, no.

La casa se ha quedado muy silenciosa y la cocina totalmente vacía sin él. Es raro no saber qué hacer con los platos después de comer (los solía limpiar a conciencia) y no estar todo el tiempo penando por no dejar la comida hecha o por hacer sin atención durante más de diez segundos.

Yang ha ganado el Premio y por fin podrá ser la gata única que siempre quiso ser, todo el tiempo que aguante, que esperamos que sea muchísimo.

Hasta siempre, Yin. Como tú dirías con tu grotesco maullido, "gracias por el pescado que os acabo de robar".

Yin


sábado, 16 de mayo de 2020

Yin sigue teniendo un linfoma


Más de dos años después, Yin sigue teniendo un linfoma. Nuestros peques felinos siguen felices y adaptados a nuestros dos peques primates, el pequeño de los cuales ha cumplido 19 meses y les persigue y da abrazos y una turra tremenda (y se lleva a veces algunas marcas guapas en manos y cara cuando le toca las narices a Yang o a Blanca...).

Tras una pastilla de Prednicortona cada día y tres de Clorambucilo cada dos semanas durante este tiempo, con revisiones sistemáticas cada tres meses, Yin mantiene a raya y en un estado impecable su enfermedad (apenas tiene ligeramente inflamado el íleon, algo que ocasiona un déficit en la absorción de B12 que es fácil de suplementar con alguna inyección esporádica).

De momento, la calidad de vida que tiene es espléndida: sigue haciendo todas las trastadas típicas que hacía (de hecho, ha dejado de mearse en sitios desde hace bastante tiempo), anda famélico implorando comida por todos lados (como siempre), le hemos puesto un pienso –Biome de Hills– para intentar regularle las cacas (que, probablemente por temas indirectos de la B12, tendían a ser pastosillas), jugando, y enredando en general. Ha adelgazado un par de kilos, estando ahora en los 4'300 (las gatas ya pesan tanto o más que él; Blanca hasta está empezando a disputarle el puesto de alfa de la manada).

De la quimio, prácticamente cero efectos secundarios. Muy de vez en cuando (menos de una vez al mes) a veces ha pegado una vomitada como líquida, pero es algo muy, muy raro (aquí el monopolio de los vómitos lo sigue teniendo Yang). Una vez le dimos Cerenia antes de un viaje para evitar que tuviera vómitos mientras estábamos lejos y vomitó seguidamente (y exactamente lo mismo pasó con Yang en esa ocasión). Así que mejor lo dejamos tranquilo desde entonces.

Aquí sigue Batman, vigilando como siempre, pensando en cómo puede causar más caos en nuestras vidas. A este paso esperamos que rebase con mucho la esperanza de vida media.


lunes, 1 de enero de 2018

Yin tiene un linfoma

2017 fue un año tranquilo. Nuestros peques fueron felices y se adaptaron poquito a poco a nuestra hija, que acaba de cumplir 10 meses y ya les persigue gateando. 

Pero diciembre nos golpeó con una mala noticia: tras una serie de vómitos extraños y una pérdida de peso sospechosa, llevamos a Yin al veterinario y le encontraron el intestino muy inflamado. Decidieron hacerle una biopsia, para lo que tuvieron que abrirle un poco la barriguita para poder extraerle el tejido, dado que con tanta inflamación una endoscopia no serviría de mucho. Llevaron los hallazgos al laboratorio y el día 26 nos comunicaban el diagnóstico por teléfono: linfoma alimentario. Supuestamente con buen pronóstico, pero linfoma al fin y al cabo.

El viernes 29 fuimos ya en persona y nos dijeron el tratamiento que vamos a seguir: empezamos con corticoides y seguiremos con quimioterapia en cápsulas. El linfoma es de células pequeñas, que avanza más lento, pero también es epiteliotrópico, que no tengo muy claro lo que significa más allá de que afecta a la piel y que hace que sea más agresivo. La veterinaria nos habla de una media de vida de tres años a partir del diagnóstico. 

Ahora en enero empezaremos la quimioterapia. Se le administrará cada quince días. Os iremos contando cómo reacciona y si hay efectos secundarios. También os hablaremos del coste económico del tratamiento. La biopsia ya nos ha costado más de 500 euros. Pero tener animales conlleva una serie de responsabilidades y cuidar su salud es una de ellas, así que lo que haga falta se hará.

Feliz entrada de año a todos y que lo despidamos con todos nuestros peluditos a nuestro lado.

¡Besos!

lunes, 5 de diciembre de 2016

Hasta aquí hemos llegado.

Freddie Mercury cantaba aquello de "un solo año de amor es mejor que toda una vida a solas".



En la entrada anterior hablábamos de un éxito, que al final ha resultado estar ocultando al "jefe final". Hoy despertábamos con Curro con un comportamiento errático, esta tarde descubríamos en la resonancia magnética que el tumor, que había remitido en la espina, se había diseminado por el cerebro, y apenas hace unos minutos tomábamos la durísima decisión de cerrar su historia en un punto en el que, en este último año, solo hoy estaba teniendo una malísima calidad de vida (y la mayor parte del día ha sido, afortunadamente, sedado). Las perspectivas, desgraciadamente (y siempre recuerdo con cariño las palabras de Marta, "es que solo estamos en el siglo XXI"), no eran nada halagüeñas y las estrategias posibles, muy agresivas, ni siquiera conllevaban posibilidades alentadoras.

Así pues, Curro se ha ido al otro lado del "puente del arco iris", con todo el dolor de los corazones de quienes empujábamos con todo para darle una vida (a todos ellos, GRACIAS), pero también con la paz de que, durante este último año de "vida extra" que tuvo, vivió a cuerpo de rey. Se lleva mucho amor, nos roba una parte importante de nuestros ahora desgarrados corazones, pero deja muchísimos buenos recuerdos, y nuevos conocimientos y habilidades que quizá en el futuro puedan servir para seguir ayudando a otros pequeños monstruos.

En cuanto tengamos un poco más de energías, publicaremos los reportes veterinarios completos de su aventura, en caso de que pudiera resultar útil a alguien.

Así fueron sus últimos minutos. Tranquilito, sedado para que no sintiera dolor, rodeado de un amor que se ganó a pulso porque era el gato más bueno y dulce que hemos tenido.


Te queremos, mi peque. Siempre serás nuestro Currusquín. Descansa en paz.



viernes, 25 de noviembre de 2016

Nuevo éxito

Y así como vino, se fue. La recidiva parece haber remitido también y el tumor ha desaparecido en las ecografías: donde antes se veía una considerable masa esférica rodeando la columna vertebral, ahora está todo limpito y bien. Los riñones han vuelto a su tamaño normal y el peque sigue con buen ánimo, sin molestias aparentes debidas a la quimioterapia y con un hambre lobuna. O gatuna, que para el caso es lo mismo.

No hemos hecho resonancia en esta ocasión. Tal vez sería buena idea hacerla, pero como supone un coste considerable y con la ecografía en esta ocasión parece haber sido suficiente, vamos a esperar. 

Estamos asombrados de lo rápido que ha remitido, supongo que tan rápido como surgió. Ayer el enano tomó su tercera y última pastilla de Genoxal, sigue con Interferón y con Prednisolona, y con su sesión de quimio semanal en el veterinario (con vincristina). Cada vez le gusta menos ir al veterinario, al pobre, y no es de extrañar. Se pone muy nervioso y se baba y vomita, para él es el peor momento de la semana (en realidad, el único momento malo de la semana, más bien), y lo peor es que para prevenir nuevos tumores seguiremos con la pauta semanal por tiempo indefinido. Lo bueno es que para sedarle antes le pinchaban en la columna, pero ahora han descubierto que si le pinchan en las patas no se entera (no tiene sensibilidad) y con esto la mayor fuente de molestias para el peque se ha desvanecido. Ahora es llegar, pesarle y dormirle sin que se entere del pinchazo. Un gran avance para él. Antes le dolía mucho el bendito pinchazo y era una pena, porque teniendo tantas partes insensibles infrautilizadas le estaban haciendo mucho daño. Ya no se volverá a repetir.

Vamos a probar a darle un sedante antes de su visita semanal al vete. Lo hemos probado las dos últimas veces pero se lo administramos demasiado tarde porque se nos olvidó hacerlo antes, con lo que no tuvo tiempo de hacerle efecto. A ver si la semana que viene lo recordamos con más antelación.

Y aquí sigue el enano. Dos veces ganador. Dos veces vencido el cáncer. Que volverá, lo sabemos, porque la leucemia es así de dura y no sabemos si la quimio puede prevenir del todo la proliferación de las células malignas. Pero ahí estaremos, luchando, si todo va bien.

jueves, 13 de octubre de 2016

Recidiva

Houston, tenemos un nuevo tumor en la misma zona. Esta vez no se limita al interior de la espina dorsal; ahora ha salido por fuera y es palpable al tacto. Son tres centímetros de diámetro que han crecido en un tiempo indeterminado. La última resonancia se le hizo hace seis meses y no estaba. Es todo lo que sabemos. Ayer le hicieron un nuevo examen general en la clínica Gattos y lo encontraron. Además, el tamaño de los riñones del peque es anormalmente grande, lo que le induce a pensar a la veterinaria que también están afectados.

No nos engañamos: era de esperar. Quizá no tan pronto, contábamos con tener un período de tranquilidad antes de tener que volver a la lucha. Más que nada por él. Porque se lo merece. Es un pequeño campeón que no se queja nunca, no importa si le damos pastillas, Interferón con jeringa, le vaciamos la vejiga o le rehabilitamos estas patitas escuálidas que tiene. Es tan bueno que merecía un descanso.

Pero ya sabemos cómo es la vida, que te lleva por delante si no espabilas, y eso hemos hecho: espabilar. De inmediato hemos empezado el tratamiento desde el principio: Vincristina una vez por semana (en vez de una vez al mes, como ya era últimamente), Genoxal (una pastilla cada tres semanas), Prednisolona (de momento a diario y luego cada dos días) y algo llamado Arabinósido de citosina que le obligará a permanecer en la clínica todo el día de hoy y el de mañana.

Él, como no se entera de nada, sigue feliz comiendo latas de atún y de lo que se tercie, aparte de su pienso habitual, que no debe de estar nada mal porque todos nuestros gatos se lo quieren robar, muchas veces con éxito. Está lleno de vida y es eso lo que nos tiene que mantener optimistas. Sabemos que las recidivas suelen ser muy peleonas, mucho más difíciles de erradicar que el tumor original, pero no nos vamos a rendir antes de tiempo. Vamos a presentar batalla, y que sea lo que tenga que ser. Mientras tanto, disfrutaremos de la dulzura de este pequeñín, que le rebosa por cada poro.



domingo, 25 de septiembre de 2016

Currusquín, viento en popa

Como os adelanté en el post anterior, Currusquín está estupendo. Una vez desaparecido el tumor, el peligro inminente ya ha pasado y solo queda esperar que no desarrolle nuevos tumores que no podamos controlar con la quimio. 

Las neurólogas están muy sorprendidas por la completa remisión del tumor, la quimio ha funcionado de maravilla y no ha quedado ni rastro (la pauta ha sido de 0.5mg/m2 de Vincristina, IV:0.11ml IV, o eso dicen los informes). Por lo que cuentan, no han visto ningún caso parecido. La razón por la que no hay más casos conocidos puede ser tan sencilla como que el tratamiento es muy caro. Cada sesión de quimioterapia con consulta incluída puede llegar a los 200€. Las resonancias magnéticas (hemos hecho dos) son 600€ cada una. El Interferón y la Prednisolona, que son los tratamientos diarios, no son caros pero todo suma. Ahora que las sesiones de quimioterapia son una vez al mes aún es sostenible, pero ¿quién puede costear un tratamiento semanal de quimioterapia? No es difícil imaginar por qué no hay demasiados casos de curación. Incluso tratándose de una persona y no de un gato, el esfuerzo económico podría ser demasiado para la mayoría de las familias. ¿Cúantas de estas familias harían este esfuerzo por un gato que, además, tiene una esperanza de vida muy corta por su condición de leucémico? Y no ayuda, precisamente, el IVA por las nubes al que está sujeto el tratamiento veterinario. Nosotros somos casa de acogida de Currusquín y solo nos hemos hecho cargo del gasto de las dos resonancias y tratamiento diario con fármacos, pero a menudo me pregunto si podría costear un tratamiento similar si uno de mis tres gatos sufriese esta enfermedad. Miedo me da la respuesta, y más considerando que los tengo expuestos a la leucemia todos los días desde que Currusquín está en casa, por más vacunados que estén.

En definitiva, cabe señalar que el linfoma espinal provocado por leucemia es curable con quimioterapia. Que uno se lo pueda permitir ya es otra historia, y no se puede juzgar a nadie que decida no hacerlo. Muchas cosas tienen que cambiar en el mundo para que nuestros animales puedan recibir sin restricciones el tratamiento que necesitan.

El estado de las patitas del peque no ha cambiado. Sigue pudiendo mover el muslo derecho un poquito, pero nada reseñable. El resto de la pata derecha y la pata izquierda completa las tiene insensibles y anquilosadas, pese a que le hacemos un ratito de rehabilitación todos los días. La paraplejia provocada por el linfoma no es reversible, lamentablemente.

Currusquín también ha pasado por una infección de orina. He de vaciarle la vejiga tres veces al día, y durante unos días en que estaba más apretada de tiempo solo lo hice dos. Consecuencia: infección de orina y tratamiento con antibióticos. Ello conllevó diarrea, con la que bregamos como pudimos, porque Currusquín no controla sus esfínteres y ya os podéis imaginar cómo nos dejaba la casa y su propio cuerpecito. Nos tocaba bañarlo casi a diario y comenzamos tratamiento con Da Forte, un probiótico que tenía como misión detener la diarrea. Funcionó a medias. La diarrea solo desapareció del todo cuando suspendimos el tratamiento con el antibiótico a los 21 días, como estaba prescrito.

Por si todo esto fuera poco, en la clínica Gattos, que es donde lo tratan, nos sugirieron darle sesiones de láser para estimular los músculos de sus patitas y lograr recuperar algo de masa muscular. Primero eran dos veces por semana (20€ la sesión) y posteriormente se redujo a una vez por semana. La última vez, el peque dijo basta y se enfadó con las veterinarias. A punto estuvo de morder a una de ellas. Creo que el pobre empieza a estar un poquito harto de tanto manoseo. Hemos convenido con las veterinarias en suspender las sesiones de láser. La mejoría que vemos tras diecinueve sesiones es mínima e insustancial, no aporta nada al peque, o al menos, nada evidente. Solo mucho estrés por tener que ir tan a menudo al veterinario. Creemos que necesita descansar, y ahora que solo tiene que ir una vez al mes a quimio, creo que ha llegado el momento de otorgarle ese descanso.

Así que ahora, ya sin linfoma (y que dure), ya sin láser, ya sin diarrea, el peque anda feliz por casa arrastrando sus patitas de un lado a otro, escalando al rascador y al sofá, durmiendo en la cama con nosotros y con los demás gatos y pidiendo latita el primero cada noche. Ahora es un gato feliz, con vida gatuna de cestitas, calorcito al sol, comida rica y compañía gatuna. Eso es todo lo que pide, el pobre. Como extra tiene nuestros mimos, que no los pide activamente pero los disfruta con ronroneos de camión.

Lo que depare el futuro... Esa ya es otra historia, a la que nos enfrentaremos llegado el momento.

Aquí algunas fotitos recientes:

"Il dolce far niente". En un hotel de Bilbao hace dos semanas.

Vaya par de dos.

"Te juro que estaba así cuando llegué".


viernes, 8 de abril de 2016

Yang va mejorando

Yang ha estado muy animada hoy, correteando como siempre, con buen humor y muchas ganas de mimos. Después de ese par de días decaidilla, vuelve a ser ella misma. Lleva dos días y medio sin vomitar gracias a las pastillas Cerenia. Que, por cierto, odia. Ayer intenté darle una al modo habitual, que es lanzándola a la garganta con la boquita abierta, y por desgracia, me salió desviada y cayó en la lengua. Le acaricié la barbilla, cerrándosela suavemente para que tragara, y este fue el resultado:



Quedé cubierta de babas. :D

En las pruebas no se ha visto nada que pueda parecer un linfoma. El veterinario cree, por su historial de vómitos (nunca tan continuos como ahora, pero siempre presentes en mayor o menor grado) que puede tener una enfermedad inflamatoria intestinal de carácter leve, pues el intestino aparece un pelín inflamado, sin ser excesivo. También le detectaron un cuerpo extraño en el estómago, en el antro pilórico (junto al píloro) que no saben qué puede ser. Especulan que tal vez es una bola de pelo solidificada, o algún objeto que haya tragado y se haya quedado ahí. Mide 7 mm y no lo consideraron importante. 

Ahora le estamos pinchando antibiótico cada dos o tres días (repite el lunes) para prevenir posibles infecciones, está tomando Cerenia (pastilla antivómitos, tipo el Primperán humano) y Pepcid como protector estomacal. Aparte, le estamos dando un poquito de Buprex, porque el veterinario ha visto que tiene los alrededores del páncreas un poco inflamados también y dice que eso puede doler mucho. No parece que haya pancreatitis porque el páncreas no está generando lipasa, pero cree que podría llegar a haberla.

El plan es cortarle el vómito con esta medicación (de momento, está funcionando), retirársela dentro de unos días a ver si ha recuperado la normalidad, y observarla para ver qué ocurre después. Si vuelve a vomitar, tal vez se haga necesaria una biopsia. 

Por poner algo de nuestra parte, también estamos en proceso paulatino de cambiarle el pienso por uno para estómagos sensibles. Espero que eso la ayude a cuidar su aparato digestivo.

Os iremos informando según vayamos observándola y descubriendo más cosas. Por lo pronto, la peque vuelve a estar contenta y saltarina, come estupendamente ¡y no vomita! :-)

¡Ah! Y como veréis en el vídeo, su tanguita blanco ha desaparecido bajo la malvada afeitadora que le ha dejado la barriguita toda pelada. Esperemos que le vuelva a crecer rápido. Aunque, de cara a la primavera, seguro que así está más fresquita. :D

miércoles, 6 de abril de 2016

Asombrosa remisión del tumor de Currusquín

No todo van a ser malas noticias. Hoy el peque ha tenido su resonancia, y el veterinario que la realizó se acercó a nosotros visiblemente contento con los resultados, y nos comentó con cierta incredulidad que el tumor ha pasado de englobar cinco vértebras (toda la zona lumbar) a sólo dos, lo que significa una remisión muy importante y en un tiempo de sólo cuatro meses. Teniendo en cuenta que no ha habido efectos secundarios, sólo queda concluir que, a día de hoy, la quimio únicamente ha supuesto beneficios para el chiquitín. Nadie sabe lo que pasará en el futuro, no tenemos forma de anticipar si el tumor desaparecerá por completo, si la ecografía que le haremos próximamente mostrará nuevos tumores en riñón y colon, no podemos prever si la leucemia va a provocar nuevos tumores o no. Lo único que sabemos es que el tumor principal ha remitido de forma evidente y que el peque, siempre animoso, siempre juguetón y siempre tragoncete, lucha valientemente por sobrevivir, porque ha descubierto que la vida puede ser estupenda y puede estar llena de deliciosas latitas de atún. Y nosotros tenemos la obligación de tenderle esa mano que necesita, porque él solo no puede hacerlo. Él nos mira con esos ojitos inquisitivos como si nos preguntara si, pese a los gastos (que no son nada desdeñables y que quizá no podríamos sufragar sin la generosidad del "padrino" del peque, Francisco), vamos a seguir apostando por él. Y del mismo modo que no sabe que tiene un tumor que le está matando, no sabe que nosotros vamos a estar ahí siempre, hasta que él se rinda o hasta que, milagrosamente, ganemos la batalla. Juntos.


domingo, 3 de abril de 2016

Rotura del ligamento cruzado craneal, pata posterior izquierda

El día 15 de marzo, cuando llegué del trabajo, descubrí que Yin cojeaba de la pata trasera izquierda. No parecía haber una causa clara, para variar no había tirado nada ni armado ningún estropicio, cosa no poco habitual en él. Ese mismo día, lo llevamos al veterinario que tenemos al lado de casa, donde siempre nos tratan estupendamente.

Sergio, el veterinario, me dijo que era muy raro que un gato cojeara, y que si lo hacía debía de ser algo serio. Le tocó la patita y trató de comprobar el ligamento cruzado de la rodilla con pequeños movimientos, pero Yin se quejó mucho y tuvo que desistir. Decidimos que al día siguiente lo intentaríamos de nuevo, esta vez con sedación.

Así pues, el día 16 volvimos al veterinario y, ya sedado, le hicieron una radiografía:


Por lo visto, de la radiografía se desprende que el ligamento cruzado está roto y la tibia desplazada. Esta prueba, unida a las palpaciones que le hicieron para comprobar hasta qué punto estaba sujeta la tibia al fémur, dejó claro el diagnóstico. La operación se fijó para catorce días después, día 31 de marzo, día en el que esperaban descubrir también qué eran esos trocitos sueltos que aparecían en la radiografía, y si tenía artrosis. Durante este tiempo, le administramos antiinflamatorios para que la rodilla estuviese lo más accesible posible el día de la operación, y Yin se pasó los quince días cojeando el pobrecito, pero con el ánimo de siempre.

El día 30 le dimos una buena cena. Es tan tragaldabas el tío que nos solíamos preguntar dónde tenía el fondo, y ese día decidimos comprobarlo, pues ya que no iba a poder comer en muchas horas, por lo menos que cenase bien. Y le dimos latita. Mucha latita, que le encanta. Yin, que nunca la vio más gorda, se puso hasta arriba y acabó vomitándolo todo, el tontorrón de él, porque es que, como le dejemos, come sin control, como si no hubiera mañana. No sé qué trauma tuvo de pequeño, pero aún lo conserva, y eso que comida no le falta.

El día 31, a las doce y cuarto del mediodía, Emilio llevó a un Yin en ayunas al veterinario y lo dejamos allí hasta las siete de la tarde, donde lo encontramos con los ojos como platos, y bastante incómodo en el transportín. El veterinario nos informó de que todo había ido bien, aunque habían descubierto que el menisco también estaba roto y nos dijo que eso haría la recuperación más lenta y dolorosa para el monstruo. No había mucha artrosis, eso era bueno. La operación consistió en esto:



Básicamente, consiste en abrir un trocito de tibia para que soporte mejor el fémur, fijarlo con unas agujas que sólo se sacarán si llegasen a molestarle (lo que detectaríamos por otra cojera) y esperar a que la zona que queda abierta osifique, lo que puede tardar, en total, unos seis meses. Me sorprendió saber que el ligamento no se repara, pero el veterinario nos explicó que este tipo de operación es la que mejor resultado da. Normalmente no queda cojera, pero al tener el menisco roto es posible que le quede un poquito. Nos contó que antes se solía intentar sustituir el ligamento por algún hilo fuerte que pudiera suplirlo, pero todos se rompían muy poco tiempo después de operar, así que se buscó una solución alternativa. Veremos cómo le va a Yin. La operación se llama osteotomía niveladora de la meseta tibial y nos costó 950€. Más información sobre la dolencia y la operación, aquí.

Nos llevamos a Yin a casa con recomendación de reposo absoluto de un mes entero. La intención era dejarlo en el transportín el fin de semana y sobre todo el domingo. Pero estaba tan incómodo en el transportín, donde le costaba un montón cambiar de postura, que decidimos dejarle moverse un poco por algún lugar por donde no tuviera ningún sitio al que saltar. En mi casa, ese sitio es el recibidor. Así que le pusimos una cestita en el suelo de la entrada, la arena cerca, el comedero, el bebedero, y ya estaba listo su campamento temporal. Lo dejamos allí, fue a hacer un pis eterno a su arenero, y luego se acostó en su cestita, bastante cansado y atontado, y con los ojos llenos de legañas por el gel que le ponen durante la operación para que no se le resequen los ojos. Nos habían dicho que quizá, y debido al dolor, podría no hacer pis ni caca y que quizá habría que darle laxante. No fue el caso: Yin nos brindó sus regalitos como siempre, sin ningún problema. Le hicieron la costura de la herida externa, así que a partir de hoy, domingo, tendremos que limpiarla con Cristalmina para evitar que cree costra. No le gustará mucho, pero tendrá que aguantarse, pobrecito. O arrancarnos los brazos a mordiscos, que tampoco lo descartará tan rápido.



Hoy ya estaba más animado y le dejamos pasear un poquito por la cocina, siempre cuidando de que no intente subirse a ninguna parte. El tío apoya la pata y todo, aunque lo hace con cuidado y, para ser sinceros, no parece tener mucha intención de ponerse a hacer el cabra. Debe de dolerle bastante, pese al Buprex que le estamos administrando, con el que verá dragones por lo menos. Es el que tomaba Currusquín, que al final se lo quitamos, y parece que es una droga bastante fuerte. Tanto, que en la farmacia te ponen mil pegas para comprarla, te piden tus datos y la firma y sello de un veterinario oficial. Vamos, que puedes matar a alguien con eso.



Iremos contando cómo va la recuperación del monstruíto. Como le decía yo a Currusquín, es raro que no sea él, por una vez, el que más pena da de todos. Aquí tenemos a nuestros dos cojitos, ayer les dejamos pasar un ratito juntos en el sofá. Yin es el de la izquierda, Currusquín el de la derecha. El miércoles tenemos la nueva resonancia del Currus. A ver qué nos cuentan del tumor.

sábado, 27 de julio de 2013

Otitis

Cuando acogimos a Suki, hace ya unos cuantos meses, no nos dimos cuenta de que tenía las orejitas plagadas de ácaros. Pobrecita, la llevamos a un veterinario en Vila-Real y, sabiendo que era recogida de la calle, ni se lo miró, y nosotros no notamos nada porque la peque no se rascaba. Sólo nos enteramos cuando la llevamos a nuestro veterinario de siempre en La Vall de Uxó (Albeytar Servicios Veterinarios, os los recomiendo mucho), que la miraron por si acaso y, efectivamente, la enana tenía compañía indeseable.

A Suki la pusimos a tratamiento y cuando la dimos en adopción ya tenía las orejitas prácticamente limpias. No nos dio por revisar a nuestros otros gatos hasta que, en abril o mayo, Yin empezó a rascarse como un poseso, con mucha frecuencia y energía. El pobre daba una penita... Así que de cabeza al veterinario que tenemos ahora en Barcelona, y una otitis como un campano, e infestadito de ácaros.

Nos dieron antibiótico para la otitis y pipeta Stronghold para los ácaros. La pipeta la hemos repetido tres meses consecutivos en los tres gatos, y aquí ya no se rasca nadie (al menos, no más de lo habitual). :-)

Fuimos un poco despistados con el antibiótico, porque resulta que se nos acabó justo un viernes y el sábado era fiesta, así que Yin estuvo sin antibiótico dos días enteros. En vez de comprarlo el lunes, decidimos esperar a la cita que teníamos el martes y preguntar si había algún problema por la interrupción. Suponíamos que sí, y no andábamos desencaminados. Tuvimos que empezar el tratamiento de nuevo con un antibiótico diferente, ya que las bacterias se hacen resistentes a un antibiótico cuando este no se administra adecuadamente. Vaya fallo. Pero bueno, el segundo tratamiento lo seguimos hasta el final y ahora Yin está como unas castañuelas.

Justo antes de dar a Neus en adopción, y para asegurarnos de que la dábamos sana, la llevamos a revisar, no fuera a tener otitis como Yin. Pues oye, bingo. Otitis para la nena también. A ella le pusimos el antibiótico Conofite, y mano de santo. En una semana y media ya no había rastro de otitis, así que pudo irse a su nueva casita sin llevar compañía no deseada.

Blanca, en cambio, se libró de la otitis, cosa que me sorprendió muchísimo, porque no se despega de Yin. El veterinario la examinó y nos dijo que estaba limpita. A Yang no la llevamos a revisar, porque en esa época andaba muy a la suya y no se mezclaba con la chusma. :D No notamos que se rascase ni que hiciese nada raro, así que nos ahorramos la visita. En el siguiente post os contaré por qué esto nos supuso un alivio inmenso.

Os dejo aquí una foto que me encanta. Falta Yang en ella, lástima. :-) 

Para serviros: Blanca, Yin y Neus.


sábado, 14 de mayo de 2011

Tontín, día "el día que sea hoy".

Tontín lleva todo el día acurrucado en el huequecito de la base de nuestro rascador pequeño. Está tranquilo allí, calentito, refugiado para lanzarle un zarpazo a Yin si se acerca más de lo que quiere. Y Yin poco a poco se va acostumbrando a que no puede estar todo el día detrás de él, así que las cosas se normalizarán solitas poco a poco.

Las buenas noticias: está dado de alta ya de la esterilización, la herida está perfecta, y además definitivamente ha resultado negativo a inmuno y PIF (tenía las pruebas "rápidas" hechas, pero siempre preferimos hacer las de laboratorio a la hora de entregar en adopción a los monstruitos).

Se sigue portando superbien, y como aún no se atreve mucho a aparecer por aquí, es como si no estuviera. Otras veces, viene y se tumba en la banqueta del teclado eléctrico que tenemos (el sitio favorito de Zapatitos), y allí se pasa las horas hasta que Yin le toca los bigotes.

Creo que ya podemos decir oficialmente que ¡Tontín está listo para ser adoptado por la familia que se atreva a tener al gato más bueno y agradecido del mundo!

lunes, 9 de mayo de 2011

Tontín, día 9

Revisión, guay. Premio, un poquitín más de libertad para Tontín.

Como de costumbre, ha estado supermanso pese a todas las perrerías (o gaterías) que le hemos hecho para mirar aquí y allá y asegurarnos de que todo estaba en regla. En los trayectos no se queja ni un poquito al ir en transportín (y eso que en el coche me dio una lata...). Todos los veterinarios están encantados con él. Como dice nuestro querido comentarista, habría que llamarle "buenín".

Esta vez, en casa, le he dejado bastante más cancha que ayer. Libertad condicional (a condición de que no hubiera ningún altercado) que han respetado perfectamente (los bufidos ocasionales son delitos menores y no cuentan mientras no vayan a más) durante un buen rato; Tontín merodeando por la casa, Yin siguiéndole allá a donde fuera. Yang calculando el lugar más alejado de ellos dos para quedarse por allí tranquila. Tontín sale hacia otro lado, Yin le sigue, Yang cambia de habitación. Tontín se para, Yin lo huele, Yang... ¿dónde está Yang? Tontín bufa a Yin, Yin se tumba en el suelo a su lado. Yang sigue sin dar señales de vida. Tontín reanuda su marcha, Yin vuelve a ser su estela, Yang sale de la otra punta de la casa y vuelve a donde estaba antes de que vinieran a molestar. Al cruzarse, ella le bufa y él se espanta un poco y da un rodeo para no cruzársela. Menuda es la Yang...

Luego un rato de tranquilidad. ¿Dónde estarán? Voy a echar un ojo. La puerta del armario estaba un pelín entreabierta (ayer intentó abrirla, pero no se aclara; haciendo cosas raras con el cuerpo es posible que la haya conseguido abrir si estaba una pizca abierta). Abro el armario y, efectivamente, en el "santuario de los gatos" (creo que todos los gatitos que han pasado por casa han estado alguna vez allí), sobre una pila de jerséis calentitos de Marta, yace el cuerpo tranquilo de Tontín, hoy con unos ojos más abiertos que de costumbre, enseñando su precioso color verde con algunas perlas más azuladas. Yin estaba tumbado bajo la cama. Tontín sale del armario, molesto por mi intrusión y quejándose con un dulcísimo "miauwauwau" (¿en qué dialecto habla?) y Yin reemprende la persecución.

Y así durante una hora y pico.

Luego un enorme "catacroc", y Yin saliendo disparado de la habitación de la cuarentena. El tío se ha subido al planchero (por lo general deliberadamente llena de trastos para que nadie ose subirse, pero esta vez aderezado con la propia plancha, que normalmente está en la cama de la cuarentena pero al cambiar las mantas la dejé allí por despiste), la ha desestabilizado y ha tirado planchero, plancha, trastos y un caballete que estaba apoyado contra la pared detrás del planchero. Tontín ha salido disparado detrás de Yin en cuanto he entrado al cuarto.

He ordenado un poco el tema, dejando la plancha en la cama, y estos han seguido con su historia. Yin dormirá genial hoy (lleva durmiendo conmigo desde que se fueron Sorpre y Botón, formando una diagonal perfecta en la cama con la posición de Yang; ella a mis pies, Yin donde iría la cabecita ausente de Marta).

Luego he vuelto oír bufar a Tontín. He ido a ver qué pasaba (aunque me lo imaginaba) y estaba Yin intentando olerle hasta el DNI si tuviera. He cogido a Tontín en brazos y me lo he traído al regazo delante del ordenador, acariciándole. En menos de medio minuto ya tenía a Yin incordiando, y luego se ha sumado Yang. Yang ha llegado, le ha mirado (Tontín tenía su cara bajo mi brazo, sin poder ver nada), se ha puesto de puntillas para olerle, ha vuelto a bajar y le ha bufado como si fuera una cobra real. Ahí Tontín se ha puesto nervioso, girándose para verla, devolviéndole el bufido ("¡Eso lo serás tú!") y ha empezado a moverse inquieto. Momento en el que he decidido que bastantes experiencias paranormales por hoy. De vuelta a la cuarentena, y mañana más (o esta noche antes de acostarnos, pero un poquito sólo, mientras reparto comida).

Hay fotos y vídeos a porrillo, a ver cuándo me puede echar Marta una mano con estos y con los que tenemos atrasados y vamos completando el puzzle.

domingo, 8 de mayo de 2011

Tontín, día 8

Nuestro chico es un campeón y hoy no había el menor rastro de parásitos o restos por ningún lado. Si la pastilla ha hecho su efecto, la tenia se habrá convertido en un guiñapo que habrá expulsado con las heces.

Lo que sí le he notado es la zona donde le pusimos la pipeta casi calva y con algunos arañazos superficiales. Es posible que sea un efecto secundario de la pipeta, o también puede que me haya pasado con el furmi...

Sobre las curas, es impresionante que Tontín se me haga un ovillo en el regazo y se quede dormido con mi mano puesta en sus innombrables. Lo que más me gusta de este gato es que se nota que disfruta echándose una siesta a tu lado, y se ovilla y desovilla intentando tocar cuanto más área de ti le sea posible.

Como todos han sido muy buenos chicos y se han portado requetebién (y después de repasar la seguridad parasitaria de la zona) he dejado pasar a Yin y a Yang y salir a Tontín. Éste ha curioseado cada rincón de la casa con tranquilidad y parsimonia. Bueno, al menos hasta que llegaba Yin a olerle, que está flipado y no para de perseguirle. Como de costumbre, Yang le ha bufado y Tontín bufó un poco a Yin. Pero después de esos bufidos, el mundo sigue girando (Yang se va cuando le chisto, y Yin... ignora a Tontín y se tumba a su lado). Hay varios vídeos y fotos, a ver cuándo podemos añadirlas.

De momento, todo va sobre ruedas. Mañana, revisión en el vete. Si todo va bien, a partir de mañana iré dejándolos juntos durante toda la tarde (mientras yo estoy en casa), y el fin de semana que viene empezaremos con los días completos. Las noches completas... dependerá de lo que pase con los días completos.

sábado, 7 de mayo de 2011

Tontín, día 7

"No me mires así, que igual te voy a hacer las curas"
Tontín tiene tenias. Decidlo rápido tres veces seguidas.

Este mediodía, justo cuando le intentaba dar el último cuarto de calmante (digo intentar porque me cuesta lo suyo, y eso que es un trocito de pastilla ínfimo) le he revisado la herida antes de limpiársela con eqmina y gasas, y he visto el bucólico cuadro de un gusano como de un centímetro cayendo hacia la herida y de otro de dos y medio asomado en el recto. Un gusano blanco y ondulante. Perfecto para la hora de la comida, mmm.

He ido a toda prisa a por la gasa y la eqmina (un betadine para gatos, bueno, inicialmente para caballos pero que sirve para otros muchos animales) y, al volver, ya no estaban ninguno de los dos (probablemente Tontín se los haya vuelto a comer o, en alguno de los intentos de huida para que no le diera la pastilla, los perdió por el camino, o se le reintrodujeron en el ano y estaban intentando entrar en vez de salir). La mantita azul que me prestaron en la veterinaria tenía como tres o cuatro granitos de arroz (al ser la manta azul, destacaban muchísimo; con una de nuestras mantas naranja, no me habría dado cuenta). Aproveché que aún no habían cerrado la clínica para preguntar qué hacía, y me dieron luz verde para darle la pastilla antiparásitos (sólo le pusimos la pipeta antes de la operación para no abusar de químicos en su cuerpo e íbamos a esperar hasta el lunes para la pastilla) y me han dicho que en principio no hay nada de lo que preocuparse con respecto a que estén cerca de la herida.

Después de 15 minutos de googlear (en inglés, porque buscando "tenia gato" en castellano aparecen miles de entradas en los que han escrito mal "tenía gato", algo muy común) ya me hecho una composición bastante clara del asunto de las tenias, un parásito que vive en el intestino de ciertos animales y que en el caso de los gatos, requiere de que éste se haya comido previamente una pulga que a su vez se hubiera alimentado de huevos de tenia. Luego va soltando "eslabones" de su cuerpo que son como granos amarillos de arroz que van cargados de huevos, que al salir del culo del animal cerrarán el ciclo de la infección. Vamos, que la buena noticia es que los huevos que haya podido dejar por ahí (aunque he limpiado a conciencia, sobre todo el pelaje del gato y la zona perianal, y seguiré haciéndolo hasta que no quede rastro) al parecer no les contagian si son comidos directamente (en resumen, necesitan de la protección del cuerpo de la pulga para superar el ácido estomacal), pero la mala noticia es que podría tener pulgas, aunque no las hemos detectado ni los excrementos oscuros que suelen dejar. Quizá fuera antes de llegar de la veterinaria de Valencia a casa de su acogida, perdiéndolas cuando lo bañaron por haberle dejado demasiado tiempo en la veterinaria dentro del transportín y devolvérselo, hablando en plata, bañado en sus propios excrementos.

Así que le he dado la otra pastilla (ésta vez ya voy cogiendo el truco de ponerlo panza arriba, hacer que abra la boca y dejarle caer la pastilla directamente en su garganta) y hacia el viernes me comentó el veterinario que habrá que repetir para asegurarse.

Justamente esta mañana había dejado pasar a Yin y a Yang un poquito para que fueran haciéndose al olor de Tontín. Supongo y espero que no les pasará nada por lo ya comentado y porque anteayer les puse la pipeta a todos y ayer ellos se tomaron la pastilla. Pero para la próxima, tomo nota de que no es buena idea romper la cuarentena con un gato callejero.

Aparte de eso, Tontín está muy bien. La herida está perfectamente cerrada, ni siquiera mancha apenas la gasa al limpiarle, y él está muy tranquilo como siempre (por cierto, las tenias no son a priori muy perjudiciales para ellos, pero puede ocasionar letargo, depresión, irascibilidad, irritabilidad de colon y, en casos extremos, delgadez y anemia). A pesar de las tropelerías que me ha tocado hacerle para darle las pastillas y hacerle las curas, él se sigue arrimando una y otra vez y hasta me enseña la tripita cuando llevo un rato acariciándole y de repente dejo de hacerlo por alguna razón, animándome a que siga.

Es un amorzote, estoy deseando que puedan estar juntos. Yang sigue bufándole y a Yin le ha gruñido un poquito, pero todo se queda en palabras y todos están muy curiosos acerca de la otra parte.

viernes, 6 de mayo de 2011

Tontín, día 6

Pues ha ido todo muy bien. Las enormes razones que hacían necesaria la esterilización de Tontín han sido neutralizadas. He ido a la una y media a preguntar por él y, como ya estaba bastante espabilado, me han dejado traérmelo a casa.

Ahora empieza el ritual "toma la pastilla/te limpio los huevines" durante tres o cuatro días cada ocho horas (la pastilla sólo hasta mañana por la tarde), y el lunes toca revisión oval.

He puesto el cuarto de cuarentena patas arriba para que el susodicho no se subiera a la cama haciendo sobreesfuerzos, pero en un ratito que me lo he dejado solo, he visto que el condenado se había subido a los colchones que había dejado tumbados contra la pared. Total, que para que no saltara medio metro, va y salta uno. Así que al final he dejado la cama como estaba y he añadido el rascador al lado para que le haga las veces de escalera y no tenga que esforzarse si quiere subir. Normalmente lo dejamos todo a ras de suelo, pero como no me esperaba traérmelo tan pronto, había aprovechado para poner a lavar la manta y la colcha-empapador que tenemos expresamente por los gatos (es un piso de alquiler, no queremos que estropeen nada) y no se ha secado a tiempo.

Hay vídeo de cuando lo he traído a casa, está mucho menos borrachín que nuestros otros esterilizados, pero hizo algo divertido cuando no le hacía caso: se tumbaba boca abajo en el suelo y se frotaba la espalda contra él. También está grabado :) Mañana o pasado pondremos imágenes en todas estas entradas.

Al final, entre operación y cuidados ha costado 150€. No le encontraron nada más en la patita que la inflamación que ya conté ayer, así que a partir del lunes veremos cómo enfocamos ese problema, y cruzaremos los dedos para que no sea una inflamación crónica por una rotura de huesecillos mal soldada o algo por el estilo.

Gracias a todos por preocuparos por él. ¡Lametoncetes de su parte!

Añado el vídeo:


jueves, 5 de mayo de 2011

Tontín, día 5

De vuelta de la clínica veterinaria, un poco más tranquilo. En la pata le han detectado una inflamación cerca de la almohadilla, que tratarán con antiinflamatorios (los mismos que le servirán como anestésico tras la esterilización). Hemos comenzado con su desparasitación, y por las referencias que di (esta mañana ya no lo tenía), lo del culete podría ser una tenia (que, según me contaron, suelen comerse al limpiarse, de forma que se retroalimenta la infección). La desparasitación acabará con esto, en caso de ser este tipo de parásitos.

Pesa 4'5Kg, y es manso como él solito. No soltó ni un maullidito de camino al veterinario (en comparación con tooooooodos los demás que hemos tenido, que no han dejado de maullar), y allí se mostró muy tranquilo y curioso. Por los dientes, no parece ser muy adulto (más bien tirando a joven), y tiene un buen par de razones para ser esterilizado (tres, contando la glándula del rabo, que tiene hinchadísima). No tiene fiebre, la auscultación sale perfecta... así que mañana por la mañana, chinlú, chinagua y chinná, lo llevamos a esterilizar. Dentro de un par de semanas pensaremos en las vacunas.

Yin ya no soporta no poder entrar al cuarto a verle (a veces parece que tengo tres gatos fuera, de lo rápido que es en pasar del balcón a la puerta cuando ve que estoy saliendo del cuarto), y Tontín está cada vez más curiosón con respecto a la puerta de salida. Ésa suele ser la señal de que empiezan a estar preparados para empezar a juntarlos... aunque van a tener que esperar unos cinco días más, hasta que Tontín esté completamente recuperado de la operación.

De paso miraré a ver si me dan algo para la faringitis de caballo que tengo...

miércoles, 4 de mayo de 2011

Tontín, día 4

Hoy he podido pedir hora para el veterinario. Mañana por la tarde llevaré a Tontín a que le hagan una buena revisión, y pasado mañana si todo va bien, se queda sin gónadas masculinas.

Estoy algo preocupado, porque aparte de no estar desparasitado ni vacunado, lo que tuviera en la pata le sigue molestando, y lo veo bastante apagado en general (es muy tranquilote y quizá sólo es que es viejito, realmente tampoco sé la edad y espero averiguarla mañana). Además, tiene una especie de verruga extraña justo en la junta del ano (¿quizá sea una garrapata? No tengo mucha experiencia en parásitos). Por si acaso, he sido más precavido en lo relacionado con dejar que Yin se cuele, y me he limitado a darle mimitos a Tontín, que basta con sentarse a su lado para que se acerque a hacerse un ovillo sobre tus piernas y ponerse a dormir ronroneando mientras lo acarician. Es un gato verdaderamente manso (y espero que no sea por estar enfermito o algo).

Había hecho alguna foto para tratar de ver mejor lo del culete, pero han salido muy mal y no se ve nada (no le gusta que le suban el rabo y se inquieta, aunque no hace nada más). Cada vez que voy a verle está acostado en el mismo transportín en el que lo traje. Teniendo la cama al lado, con una cestita, ¡parece que prefiere los colchones duros! O igual no quiere tener que tirarse de lo alto de la cama por la pata, quién sabe.

En fin... mañana os contaré.

domingo, 1 de mayo de 2011

Yang, Yin y Tontín

Tontín se ganó su nombre a pulso por ser un callejerito de un barrio chungo de Valencia que, pese a haberle corrido a escobazos de varias casas y a patadas por varias calles, sigue acercándose a los desconocidos en busca de mimos.




Es negro y blanco, y tiene un tamaño y peso muy similar a los de Yin, aunque a primera vista da la sensación de tener una cabeza bastante más grande; si a Yin lo llamamos cariñosamente "caragalleta", por tener un cabezón redondo y grande, Tontín le supera con una cara ancha que le da un aspecto de tiburón martillo gatuno (quizá potenciado por tener parte del pelaje del cuello rapado para las pruebas de inmuno, a las que ha dado negativo).

Buscamos a Tontín porque necesitábamos un gato de acogida que llenara el hueco dejado por Sorpre y Botón en nuestros corazones y en la rutina diaria de Yin, que lleva desazonado desde su partida. Por tanto, el candidato ideal era un macho esterilizado medianamente joven y juguetón. Supuestamente, recibiríamos a Tontín esterilizado, pero no sabemos muy bien cuál ha sido el problema o confusión con la protectora de Valencia que gestionó la acogida para que no se cumplieran los términos. Como extra, parece que el gato recibió algún golpe en la patita por el que lo llevaron al veterinario, pero según nos comentó su última casa de acogida, ayer volvía a renquear de la misma pata. Lo tendremos vigilado.

Obviamente, no nos es un problema (más allá del económico, que no es que estemos precisamente boyantes) el esterilizar nosotros mismo a Tontín, pero hubiéramos preferido haberlo sabido antes de traerlo, porque en una casa donde hay más gatos adultos, el introducir a un esterilizado supone un punto extra de imprevisibilidad en cuanto a sus comportamientos (sobre todo de marcaje, pero también de interacción entre ellos), además de que no estoy preparado con comida que no fuera para gatos esterilizados. Por de pronto, Yang bufa y gruñe a todo lo que huela a él (incluso me llegó a atacar los zapatos el primer día tras dejar el transportín y salir del cuarto).

En general, Tontín no tuvo una gran acogida en casa (que es lo que suele pasar, así que todo va según lo usual en el ritual de presentaciones): dejé el transportín en el suelo de su cuartito de cuarentena (donde va a tener que quedarse hasta que lo esterilicemos y tenga su alta) y acudieron Yin y Yang que ya estaban detrás de mí desde que crucé el portal. Tontín se replegó al fondo del transportín y empezó a bufarles. Yin acercaba una patita hasta la reja del transportín, pero Yang mantenía más la distancia y se sumaba a los gruñidos y bufidos. Subiremos un vídeo dentro de unos días, puede ser una buena ocasión para documentar el proceso de presentación entre gatos y demostrar que, con algo de paciencia antes de juntarlos, incluso una situación tan aparentemente complicada se torna en una amistad fantástica.

Luego les saqué de la habitación y dejé salir a Tontín. Entre el viaje y el cambio de aires, los gatos se estresan muchísimo, así que el hecho de que aún con todo no se escondiera inmediatamente y se dejara incluso acariciar dice mucho en favor de su carácter dócil. Lo subí a la cama, cogí el Furminator y le di bastantes pasadas para acariciarle-quitarle pelos (todos los gatos que hemos tenido acaban adorando el Furminator). No tardó nada en comenzar a ronronear, incluso con su inquietud. Saqué una bola de pelo enorme, del tamaño de mis dos puños juntos, y luego traté de cortarle las uñas (durante el viaje, alargó una pata por la reja del transportín hasta mi mano, en el cambio de marchas, para que le acariciara, y sólo con el contacto con sus uñas me hice cuatro bonitos cortes en la mano: ¡Veterinarios del mundo, cortadle las uñas a los gatos de las protectoras cuando los tengáis a mano, porelamordedios!). Digo "traté" porque, bien porque le toqué algún lugar de la pata que pudiera hacerle daño, bien por el exceso de acumulación de estrés, me dio un "toque" con los dientes (un amago de mordisco que no pasó de un arañacito en un dedo) y salió disparado a esconderse bajo la cama.

Salí para dejarle tranquilo un rato, y media hora después estaba como si nada hubiera pasado, ronroneando con las caricias, aunque aún bastante inquieto.

Esta mañana (más bien mediodía, me acosté muy tarde y me levanté ídem) volví a entrar con el Furminator, las tijeras, la Muy Interesante y el móvil, dispuesto a hacerle un "servicio completo" de puesta a punto. Al principio Tontín se había escondido, pero sin más que quedarme rondando un poco por su comedero, salió para que le acariciara. Le cogí, lo subí a la cama y le di una segunda pasada de Furminator que aceptó encantado. Otros dos puños de pelo después, me subí a la cama con él, lo tumbé en mi regazo y allí quedó, quietecito y feliz mientras le acariciaba.

Llegó el punto en el que se reacomodó para quedarse sopa (estamos hablando de un gato adulto con menos de una hora seguida de contacto conmigo, es muy poco común), hasta un nivel tal, que pude cortarle las uñas sin problemas.

Cuando salí del cuarto un buen rato después, mis gatos (que habían estado haciendo de espectadores desde el balcón, al otro lado de la puerta de cristal, con Yin maullando sin parar) se acercaron a mi bata y empezaron a olerla con mucho detenimiento. Yin pareció conforme en unos segundos, pero Yang continuó durante varios minutos (cerca de seis) repasando cada parte de la bata, bufando e incluso gruñéndome en algunos momentos. Yang siempre ha sido mucho más reacia a gatos foráneos, pero estoy seguro de que el hecho de que no esté esterilizado es un factor extraordinario de "puesta en guardia" para ella.

Ahora duermen todos plácidamente, así que no habléis muy alto. Mañana pediré hora a nuestros superveterinarios de confianza para esterilizarlo (veremos cómo de partidario es Tontín a que un desconocido le toque los huevines para hacerle las curas) y de paso que le revisen si puede tener algún corte o astilla en las patas que pudiera producir el problema de cojera (aunque no lo he visto caminar lo suficiente como para detectarlo por mí mismo).

P.D.: Sorpre y Botón están encantados con su nueva casa a juzgar por fotos y vídeos, y sus dueños comparten el entusiasmo con ellos. ¡Nos alegramos infinitamente por los cuatr... cinco!

jueves, 7 de octubre de 2010

Poquito a poquito

La tripita de Esmeralda va evolucionando despacio. Se le ha inflamado un poco, así que los veterinarios la están revisando cada dos días, ya que hay peligro de hernia en la sutura. La tenemos confinadita en la habitación para que se mueva lo menos posible y la recuperación vaya viento en popa. Nos da un poquito de pena tenerla allí sola, pero me daría mucha más pena tener que volver a abrirle la barriguilla. Así que a convalecer como una buena paciente. Lo cierto es que es una gatita increíblemente buena y adorable.

Me he pasado a verla ahora y me la he encontrado así: