... o dos

lunes, 5 de diciembre de 2016

Hasta aquí hemos llegado.

Freddie Mercury cantaba aquello de "un solo año de amor es mejor que toda una vida a solas".



En la entrada anterior hablábamos de un éxito, que al final ha resultado estar ocultando al "jefe final". Hoy despertábamos con Curro con un comportamiento errático, esta tarde descubríamos en la resonancia magnética que el tumor, que había remitido en la espina, se había diseminado por el cerebro, y apenas hace unos minutos tomábamos la durísima decisión de cerrar su historia en un punto en el que, en este último año, solo hoy estaba teniendo una malísima calidad de vida (y la mayor parte del día ha sido, afortunadamente, sedado). Las perspectivas, desgraciadamente (y siempre recuerdo con cariño las palabras de Marta, "es que solo estamos en el siglo XXI"), no eran nada halagüeñas y las estrategias posibles, muy agresivas, ni siquiera conllevaban posibilidades alentadoras.

Así pues, Curro se ha ido al otro lado del "puente del arco iris", con todo el dolor de los corazones de quienes empujábamos con todo para darle una vida (a todos ellos, GRACIAS), pero también con la paz de que, durante este último año de "vida extra" que tuvo, vivió a cuerpo de rey. Se lleva mucho amor, nos roba una parte importante de nuestros ahora desgarrados corazones, pero deja muchísimos buenos recuerdos, y nuevos conocimientos y habilidades que quizá en el futuro puedan servir para seguir ayudando a otros pequeños monstruos.

En cuanto tengamos un poco más de energías, publicaremos los reportes veterinarios completos de su aventura, en caso de que pudiera resultar útil a alguien.

Así fueron sus últimos minutos. Tranquilito, sedado para que no sintiera dolor, rodeado de un amor que se ganó a pulso porque era el gato más bueno y dulce que hemos tenido.


Te queremos, mi peque. Siempre serás nuestro Currusquín. Descansa en paz.



viernes, 25 de noviembre de 2016

Nuevo éxito

Y así como vino, se fue. La recidiva parece haber remitido también y el tumor ha desaparecido en las ecografías: donde antes se veía una considerable masa esférica rodeando la columna vertebral, ahora está todo limpito y bien. Los riñones han vuelto a su tamaño normal y el peque sigue con buen ánimo, sin molestias aparentes debidas a la quimioterapia y con un hambre lobuna. O gatuna, que para el caso es lo mismo.

No hemos hecho resonancia en esta ocasión. Tal vez sería buena idea hacerla, pero como supone un coste considerable y con la ecografía en esta ocasión parece haber sido suficiente, vamos a esperar. 

Estamos asombrados de lo rápido que ha remitido, supongo que tan rápido como surgió. Ayer el enano tomó su tercera y última pastilla de Genoxal, sigue con Interferón y con Prednisolona, y con su sesión de quimio semanal en el veterinario (con vincristina). Cada vez le gusta menos ir al veterinario, al pobre, y no es de extrañar. Se pone muy nervioso y se baba y vomita, para él es el peor momento de la semana (en realidad, el único momento malo de la semana, más bien), y lo peor es que para prevenir nuevos tumores seguiremos con la pauta semanal por tiempo indefinido. Lo bueno es que para sedarle antes le pinchaban en la columna, pero ahora han descubierto que si le pinchan en las patas no se entera (no tiene sensibilidad) y con esto la mayor fuente de molestias para el peque se ha desvanecido. Ahora es llegar, pesarle y dormirle sin que se entere del pinchazo. Un gran avance para él. Antes le dolía mucho el bendito pinchazo y era una pena, porque teniendo tantas partes insensibles infrautilizadas le estaban haciendo mucho daño. Ya no se volverá a repetir.

Vamos a probar a darle un sedante antes de su visita semanal al vete. Lo hemos probado las dos últimas veces pero se lo administramos demasiado tarde porque se nos olvidó hacerlo antes, con lo que no tuvo tiempo de hacerle efecto. A ver si la semana que viene lo recordamos con más antelación.

Y aquí sigue el enano. Dos veces ganador. Dos veces vencido el cáncer. Que volverá, lo sabemos, porque la leucemia es así de dura y no sabemos si la quimio puede prevenir del todo la proliferación de las células malignas. Pero ahí estaremos, luchando, si todo va bien.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Ya está. Lo confieso. Me cae mal mi gato.

Bien es sabido que los gatos son muy diferentes unos de otros. De cuatro que tengo ahora en casa, todos poseen personalidades muy dispares y se comportan de forma totalmente opuesta según la situación. Igual que las personas. Y del mismo modo que no todas las personas nos caen bien, no todos los gatos nos tienen por qué caer bien. Y a mí mi gato Yin me cae mal. Ya está. Sé que alguno me miraréis mal y me importa un bledo. Me cae mal y no puedo hacer nada al respecto. Ni lo voy a abandonar, ni le voy a castigar sin comer, ni le voy a encerrar en un balcón. Simplemente, me cae mal. Ya son siete años de convivencia, a veces muy difícil, y aquí seguimos lidiando con él, día sí y día también, porque hay pocos gatos que lo hagan prácticamente todo mal. Yin es uno de ellos. A su lado, los otros tres son unos benditos.

¿Qué es lo que hace que me caiga mal? Veamos:

- Entro en casa y empieza el estrés: ya está en la puerta dispuesto a escurrirse por el resquicio para salir al portal y escabullirse escaleras abajo hasta la calle.
- Monta a los otros gatos y les muerde el cuello. Y está esterilizado, pero da igual.
- Se mea en la cama, en el sofá, en las cestas de Currusquín, no apunta bien en el arenero y lo echa fuera...
- Se mete bajo las fundas de los sofás para arañarlos.
- No tapa nunca sus cacas, con lo que nos deja la casa oliendo a mierda hasta que nos damos cuenta o llegamos de fuera.
- Tira toda la arena fuera de los areneros.
- Se desvive por comer a todas horas.
- Solo es cariñoso cuando quiere comer. Si estoy manipulando la leche del desayuno, una latita o jamón york, se me pega a las piernas y me persigue por toda la casa sin dejarme respirar. Si no tengo comida, pasa olímpicamente de mí.
- Roba su comida a los demás, siempre le gusta más lo que tienen otros que lo suyo, aunque sea lo mismo. 
- Si le das de comer suficiente cantidad, come más de lo que puede, vomita y luego intenta comerse el vomitado. Y lo que vomiten los demás.
- Cuando Yang está comiendo, Yin va a olerle el culo, que sabe que no lo soporta, para que se vaya y poderse comer él lo que deje. O a veces, solo por incordiar.
- Cuando estoy dando una comida específica a uno de ellos (especialmente Currusquín, que come diferente por su enfermedad y por su delgadez) aparece ante mí antes incluso de que abra el paquete y no me deja respirar, ni a mí ni a Currusquín mientras come.
- Si él acaba de comer su latita antes que los demás y lo vigilo para que no robe nada a nadie, se echa a tres centímetros de ellos esperando a que acaben para lamer sus platos, cuando seguro que ha dejado restos en el suyo.
- No importa lo que esté haciendo. Si vas a la cocina, él va también, por si cae algo.
- Si estás cocinando, te complica el trabajo poniéndose justo donde tus pies, por si se te cae algo. El otro día se me cayó el cuchillo de carnicero y de milagro no le corté la cabeza.
- No es la primera vez que nos roba comida de nuestros propios platos. Hay que vigilarlo constantemente si ya hemos puesto algo de comer en la mesa.
- Tiene un maullido feo, pero feo.
- Si lo coges, te pone las patas en la cara para huir. Salvo que tengas comida.
- Tira al suelo cualquier cosa que haya en las estanterías a su alcance. 
- Destroza cualquier papel a su alcance.
- En la cama, con nosotros, se pone en posición trasversal y lo más estirado que puede, para que no tengas dónde meter las piernas.
- Se pone delante de ti cuando caminas por casa, como una valla en un circuito de obstáculos. Y no se aparta. No es la primera vez que casi me voy al suelo por su causa y que pataleo contra él intentando recuperar el equilibrio. Y aun así no se aparta. A veces lo comparo con Damien, de La profecía.
- Si abrimos el transportín para meter a Currusquín, que va cada poco al veterinario, tenemos que tener cuidado de que no se meta Yin antes, porque luego habrá que sacarlo volcando o sacudiendo el susodicho.
- Cuando sacamos a Currusquín del transportín tras llegar del veterinario, lo primero que hace Yin es meterse dentro a buscar algún resto de chuchería que alguien le haya dado a Currus, y que no se habrá comido por los nervios.
- Siempre nos vuelca el carro de la compra, tenemos que tenerlo encajonado en un rincón para que no lo vuelque.
- Tenemos que tener el papel higiénico en un lugar poco accesible para él porque nos lo hace pedazos. Lo mismo con el papel de cocina.
- Si pasa por encima de la mesa en la que tú estás haciendo algo, lo hace sin el menor cuidado y pisoteando lo más posible tus cosas.
- Blanca le adora y siempre va a echarse junto a él. Si él aún no está demasiado dormido, se levanta ipso facto y la deja plantada para echarse medio metro más lejos.
- Si estoy cepillando a Yang, que es la que más pelo suelta con diferencia, él viene de inmediato y se planta tan cerca de ella como puede para incomodarla y espantarla, porque sabe que Yang no soporta bien la cercanía de otros gatos. Así sabe que le cepillaré a él.
- Se mete en el cubo de la basura de plásticos a buscar restos. El de la orgánica, lo vuelca y rompe la bolsa si consigue abrirlo. Aunque la dejes un minuto en el pasillo justo antes de salir de casa, seguro que le da tiempo a clavarle las uñas.
- Mueve los recipientes del agua para beber y muchas veces los vuelca.
- Intenta saltar al armario del peque para coger su comida y como hay poco espacio se cae encima de los comederos (que están justo debajo, en el suelo) y lo esparce todo alrededor.
- Si se nos olvida cubrir el arenero del peque (les impedimos usarlo a los demás para reducir el riesgo de contagio de leucemia) le falta tiempo para usarlo y echar toda la arena fuera. (Actualización: foto de hoy mismo ejemplificando lo dicho).

- Si hay una ventana con un resquicio abierto por el que quepa, le falta tiempo para intentar salir al alféizar en la única ventana en la que no tenemos red.
- Como dejemos dos minutos en el suelo, sin vigilancia, la Balance Board de la Wii, nos araña entera su funda de silicona.
- Araña las sillas de piel estirándose sobre el respaldo.
- Araña la funda de piel del piano, despertándonos de madrugada en innumerables ocasiones.
- Últimamente ya menos, pero antes se pasaba las noches maullando y nos despertaba cada hora, hasta llegar a temer quedarme embarazada por si mi bebé no pudiera dormir.
- Ahora que ya estoy embarazada, es el único del que temo que se mee encima del bebé o le pisotee corriendo por encima de él (ella, en este caso).
- Si abrimos un armario de la cocina, le falta tiempo para meterse dentro y no es la primera vez que cerramos sin darnos cuenta de que se queda ahí.
- Como se meta en el armario de la ropa, no le basta con hacer lo que hacen los demás de dormir encima de la ropa: él te lo descoloca todo y lo deja patas arriba.
- Si tenemos que usar una cuerda para atar alguna cosa, podemos tener por seguro que la morderá día tras día hasta que la destroce.
- Si le decimos que no haga algo, no pasan ni diez segundos para que lo intente repetir, a sabiendas de que te enfadará.
- Si hay algo que sabe que nos puede molestar, lo hará. Es como la ley de Murphy, pero en gato maligno.

¡Y seguro que se me quedan cosas! Vivir con él es un estrés continuo. Al principio muchas de las cosas me parecías minucias, pero la acumulación de ellas, año tras año, me empieza a producir mucho estrés. Menos mal que, al menos, duerme como los demás bastantes horas al día y me deja en paz. Pero en serio que a veces lo llevo mal y saca lo peor de mí. Y cuando llegue la bebé a ver qué me arma. Ya estoy temblando.

Paciencia, que falta me hace. ¿Alguno de vosotros quiere un gato malo, pero malo? Lo regalo con lacito y todo.

jueves, 13 de octubre de 2016

Recidiva

Houston, tenemos un nuevo tumor en la misma zona. Esta vez no se limita al interior de la espina dorsal; ahora ha salido por fuera y es palpable al tacto. Son tres centímetros de diámetro que han crecido en un tiempo indeterminado. La última resonancia se le hizo hace seis meses y no estaba. Es todo lo que sabemos. Ayer le hicieron un nuevo examen general en la clínica Gattos y lo encontraron. Además, el tamaño de los riñones del peque es anormalmente grande, lo que le induce a pensar a la veterinaria que también están afectados.

No nos engañamos: era de esperar. Quizá no tan pronto, contábamos con tener un período de tranquilidad antes de tener que volver a la lucha. Más que nada por él. Porque se lo merece. Es un pequeño campeón que no se queja nunca, no importa si le damos pastillas, Interferón con jeringa, le vaciamos la vejiga o le rehabilitamos estas patitas escuálidas que tiene. Es tan bueno que merecía un descanso.

Pero ya sabemos cómo es la vida, que te lleva por delante si no espabilas, y eso hemos hecho: espabilar. De inmediato hemos empezado el tratamiento desde el principio: Vincristina una vez por semana (en vez de una vez al mes, como ya era últimamente), Genoxal (una pastilla cada tres semanas), Prednisolona (de momento a diario y luego cada dos días) y algo llamado Arabinósido de citosina que le obligará a permanecer en la clínica todo el día de hoy y el de mañana.

Él, como no se entera de nada, sigue feliz comiendo latas de atún y de lo que se tercie, aparte de su pienso habitual, que no debe de estar nada mal porque todos nuestros gatos se lo quieren robar, muchas veces con éxito. Está lleno de vida y es eso lo que nos tiene que mantener optimistas. Sabemos que las recidivas suelen ser muy peleonas, mucho más difíciles de erradicar que el tumor original, pero no nos vamos a rendir antes de tiempo. Vamos a presentar batalla, y que sea lo que tenga que ser. Mientras tanto, disfrutaremos de la dulzura de este pequeñín, que le rebosa por cada poro.



domingo, 25 de septiembre de 2016

La vida en la calle

Curro era parte de una camada de cinco cachorritos que tenían la suerte de que una persona concienciada permitía vivir en un patio de su comunidad. Cuando éste salía a alimentarles, acudían en manada. Precisamente por esto fue que se dio cuenta, un buen día, de que Curro se iba quedando atrás con respecto al resto, arrastrando cada vez más los cuartos traseros. En un principió, su cuidador pensó que habría recibido algún golpe con la puerta deslizante del garaje (todos sabemos cómo son estos bichos, siempre esperando al último segundo para pasar al otro lado). Pero en cuanto poco después Curro dejó de ir a comer, enseguida se tomó la decisión de llevarlo al veterinario y averiguar qué le estaba pasando. El resto de la historia ya la sabéis; al principio pintaba todo tremendamente mal.

La historia de esta camada no termina aquí, empero. Algunos de sus hermanitos fueron desapareciendo del grupo poco a poco y, al final, en el recinto sólo quedaba el último de ellos, Husky, esta preciosidad:



Como podéis ver, Husky estaba aparentemente sano y muy ágil (en la foto aparece en lo alto de una palmera, a varios metros sobre el suelo, donde subió para perseguir algún pajarillo). Pero a la historia le dio por repetirse. Hace unas pocas semanas, Husky aparecía con una respiración dificultosa y había perdido el apetito. Empezó a adelgazar con una rapidez pasmosa, y cuando su cuidador me pidió ayuda para intentar capturarlo para llevarlo al veterinario, presentaba este aspecto:


Agotado como parecía, aún tuvo algunas fuerzas para salir corriendo a cambiar de lugar cuando intentamos cogerlo. Finalmente, cuando lo teníamos cercado en el mismo depósito donde en su momento se resguardó Curro antes de que lo atraparan (un lugar hueco y oscuro pero sin escape posible), descubrimos con tristeza que su cuerpo no había aguantado más y aquélla había sido su última carrera. Difícilmente se me borrará de la memoria esa mirada, tan parecida a la de Curro, y esos mismos ojos ya sin vida apenas minutos después. Con todo el dolor, llevamos al pequeño al veterinario, quien sólo pudo certificar su muerte. Por lo que nos comentaron, dado que Curro tiene leucemia desde muy pequeño, era bastante probable que le hubiera venido por vía materna y que el resto de sus hermanos también la sufrieran, teniendo Husky un deterioro rápido al atacarle la misma a la parte respiratoria. Esta vez llegamos tarde.

No dejo de pensar que la vida no está carente de cierta ironía y, cuando estábamos seguros de que el pequeño Curro iba a irse al otro barrio en poco tiempo, resulta que con las atenciones médicas pertinentes al final ha sido el único de su camada que ha salido adelante. Muchos piensan que estos pequeños se las arreglan bien en la calle. Lo cierto es que, salvo para algunos pocos bien adaptados, la calle es una despiadada trituradora de animales...

Si alguna vez os encontráis con un callejerito que empieza a presentar un empeoramiento, por leve que sea, no lo dudéis y llevadlo al veterinario antes de que empiece a dejar de comer. Quizá lleguéis a tiempo.

Currusquín, viento en popa

Como os adelanté en el post anterior, Currusquín está estupendo. Una vez desaparecido el tumor, el peligro inminente ya ha pasado y solo queda esperar que no desarrolle nuevos tumores que no podamos controlar con la quimio. 

Las neurólogas están muy sorprendidas por la completa remisión del tumor, la quimio ha funcionado de maravilla y no ha quedado ni rastro (la pauta ha sido de 0.5mg/m2 de Vincristina, IV:0.11ml IV, o eso dicen los informes). Por lo que cuentan, no han visto ningún caso parecido. La razón por la que no hay más casos conocidos puede ser tan sencilla como que el tratamiento es muy caro. Cada sesión de quimioterapia con consulta incluída puede llegar a los 200€. Las resonancias magnéticas (hemos hecho dos) son 600€ cada una. El Interferón y la Prednisolona, que son los tratamientos diarios, no son caros pero todo suma. Ahora que las sesiones de quimioterapia son una vez al mes aún es sostenible, pero ¿quién puede costear un tratamiento semanal de quimioterapia? No es difícil imaginar por qué no hay demasiados casos de curación. Incluso tratándose de una persona y no de un gato, el esfuerzo económico podría ser demasiado para la mayoría de las familias. ¿Cúantas de estas familias harían este esfuerzo por un gato que, además, tiene una esperanza de vida muy corta por su condición de leucémico? Y no ayuda, precisamente, el IVA por las nubes al que está sujeto el tratamiento veterinario. Nosotros somos casa de acogida de Currusquín y solo nos hemos hecho cargo del gasto de las dos resonancias y tratamiento diario con fármacos, pero a menudo me pregunto si podría costear un tratamiento similar si uno de mis tres gatos sufriese esta enfermedad. Miedo me da la respuesta, y más considerando que los tengo expuestos a la leucemia todos los días desde que Currusquín está en casa, por más vacunados que estén.

En definitiva, cabe señalar que el linfoma espinal provocado por leucemia es curable con quimioterapia. Que uno se lo pueda permitir ya es otra historia, y no se puede juzgar a nadie que decida no hacerlo. Muchas cosas tienen que cambiar en el mundo para que nuestros animales puedan recibir sin restricciones el tratamiento que necesitan.

El estado de las patitas del peque no ha cambiado. Sigue pudiendo mover el muslo derecho un poquito, pero nada reseñable. El resto de la pata derecha y la pata izquierda completa las tiene insensibles y anquilosadas, pese a que le hacemos un ratito de rehabilitación todos los días. La paraplejia provocada por el linfoma no es reversible, lamentablemente.

Currusquín también ha pasado por una infección de orina. He de vaciarle la vejiga tres veces al día, y durante unos días en que estaba más apretada de tiempo solo lo hice dos. Consecuencia: infección de orina y tratamiento con antibióticos. Ello conllevó diarrea, con la que bregamos como pudimos, porque Currusquín no controla sus esfínteres y ya os podéis imaginar cómo nos dejaba la casa y su propio cuerpecito. Nos tocaba bañarlo casi a diario y comenzamos tratamiento con Da Forte, un probiótico que tenía como misión detener la diarrea. Funcionó a medias. La diarrea solo desapareció del todo cuando suspendimos el tratamiento con el antibiótico a los 21 días, como estaba prescrito.

Por si todo esto fuera poco, en la clínica Gattos, que es donde lo tratan, nos sugirieron darle sesiones de láser para estimular los músculos de sus patitas y lograr recuperar algo de masa muscular. Primero eran dos veces por semana (20€ la sesión) y posteriormente se redujo a una vez por semana. La última vez, el peque dijo basta y se enfadó con las veterinarias. A punto estuvo de morder a una de ellas. Creo que el pobre empieza a estar un poquito harto de tanto manoseo. Hemos convenido con las veterinarias en suspender las sesiones de láser. La mejoría que vemos tras diecinueve sesiones es mínima e insustancial, no aporta nada al peque, o al menos, nada evidente. Solo mucho estrés por tener que ir tan a menudo al veterinario. Creemos que necesita descansar, y ahora que solo tiene que ir una vez al mes a quimio, creo que ha llegado el momento de otorgarle ese descanso.

Así que ahora, ya sin linfoma (y que dure), ya sin láser, ya sin diarrea, el peque anda feliz por casa arrastrando sus patitas de un lado a otro, escalando al rascador y al sofá, durmiendo en la cama con nosotros y con los demás gatos y pidiendo latita el primero cada noche. Ahora es un gato feliz, con vida gatuna de cestitas, calorcito al sol, comida rica y compañía gatuna. Eso es todo lo que pide, el pobre. Como extra tiene nuestros mimos, que no los pide activamente pero los disfruta con ronroneos de camión.

Lo que depare el futuro... Esa ya es otra historia, a la que nos enfrentaremos llegado el momento.

Aquí algunas fotitos recientes:

"Il dolce far niente". En un hotel de Bilbao hace dos semanas.

Vaya par de dos.

"Te juro que estaba así cuando llegué".


Vuelta a la estabilidad

¡Hola, amigos!

He estado algún tiempo desconectada pero enseguida os pongo al día de cómo va todo con mis peques. Como ya habréis adivinado por el título del post, la crisis ha pasado, aunque aún nos espera alguna pequeña cuenta pendiente que os paso a relatar.

Yin

Como sabéis, Yin se había operado de la pata trasera por rotura de ligamento. El peque ahora está estupendo. En la última visita al veterinario, hace dos meses, el hueso de la tibia ya estaba prácticamente soldado en su nueva posición (se lo habían abierto un poco para ofrecer mejor soporte al fémur, como podéis leer en el post correspondiente) y la cojera había desaparecido por completo. Hoy sigue igual de bien. No salta a los sitios altos con demasiada soltura, no sabemos si porque es torpe (siempre lo ha sido un poco) o porque tiene más debilidad de la cuenta o en esa pata, o incluso en la otra (los veterinarios advierten de que cuando cae un ligamento cruzado, suele caer pronto el opuesto).

Tenemos que vigilar, también, un colmillo que tiene extruído, es decir, un poco sacado del sitio. No sabemos a qué se debe, no se ve ningún problema en las encías y no me sorprendería que fuera porque es un bruto y se enganchó alguna vez en algún lado y no nos dimos cuenta. Estaremos pendientes de si se va saliendo más.

Yang

Yang tuvo ahí atrás una temporada muy preocupante de vomitonas continuas. Por consejo de las maravillosas chicas de Esperanza Felina les cambié al pienso Granatapet para Adultos, de pato en concreto, que tiene componentes selectos, les ayuda a no ganar peso y se supone que es apto para estómagos delicados. Yang siempre ha vomitado y siempre vomitará, pero ha vuelto a su ritmo normal de una vez cada semana o cada dos, lo cual ya es razonable y nos ha quitado la preocupación. Ella está animosa, come muy bien, pide mimos como siempre y ya no se la ve decaída ni de lejos. No sabemos qué es lo que puede provocar que vomite con más frecuencia que otros gatos, pero le ha pasado siempre y no parece afectar a su ánimo. En las pruebas que le hicimos no salía nada, así que nos hemos quedado tranquilos.

Blanca

Cuando fuimos a vacunar a los peques contra la leucemia (algo ineludible teniendo a Currusquín campando a sus anchas por casa) descubrimos que Blanca tiene gingivitis, esto es, las encías enrojecidas. Esta semana o la siguiente la llevaremos para una limpieza bucal o lo que se tercie. No es grave, pero tampoco se puede dejar.

Currusquín

Currusquín está estupendo. Pero mejor le dedico un post entero, que este ya se va alargando mucho y no quiero agobiaros. En breve os pongo al día de su estado.

¡Un beso a todos!

viernes, 8 de abril de 2016

Yang va mejorando

Yang ha estado muy animada hoy, correteando como siempre, con buen humor y muchas ganas de mimos. Después de ese par de días decaidilla, vuelve a ser ella misma. Lleva dos días y medio sin vomitar gracias a las pastillas Cerenia. Que, por cierto, odia. Ayer intenté darle una al modo habitual, que es lanzándola a la garganta con la boquita abierta, y por desgracia, me salió desviada y cayó en la lengua. Le acaricié la barbilla, cerrándosela suavemente para que tragara, y este fue el resultado:



Quedé cubierta de babas. :D

En las pruebas no se ha visto nada que pueda parecer un linfoma. El veterinario cree, por su historial de vómitos (nunca tan continuos como ahora, pero siempre presentes en mayor o menor grado) que puede tener una enfermedad inflamatoria intestinal de carácter leve, pues el intestino aparece un pelín inflamado, sin ser excesivo. También le detectaron un cuerpo extraño en el estómago, en el antro pilórico (junto al píloro) que no saben qué puede ser. Especulan que tal vez es una bola de pelo solidificada, o algún objeto que haya tragado y se haya quedado ahí. Mide 7 mm y no lo consideraron importante. 

Ahora le estamos pinchando antibiótico cada dos o tres días (repite el lunes) para prevenir posibles infecciones, está tomando Cerenia (pastilla antivómitos, tipo el Primperán humano) y Pepcid como protector estomacal. Aparte, le estamos dando un poquito de Buprex, porque el veterinario ha visto que tiene los alrededores del páncreas un poco inflamados también y dice que eso puede doler mucho. No parece que haya pancreatitis porque el páncreas no está generando lipasa, pero cree que podría llegar a haberla.

El plan es cortarle el vómito con esta medicación (de momento, está funcionando), retirársela dentro de unos días a ver si ha recuperado la normalidad, y observarla para ver qué ocurre después. Si vuelve a vomitar, tal vez se haga necesaria una biopsia. 

Por poner algo de nuestra parte, también estamos en proceso paulatino de cambiarle el pienso por uno para estómagos sensibles. Espero que eso la ayude a cuidar su aparato digestivo.

Os iremos informando según vayamos observándola y descubriendo más cosas. Por lo pronto, la peque vuelve a estar contenta y saltarina, come estupendamente ¡y no vomita! :-)

¡Ah! Y como veréis en el vídeo, su tanguita blanco ha desaparecido bajo la malvada afeitadora que le ha dejado la barriguita toda pelada. Esperemos que le vuelva a crecer rápido. Aunque, de cara a la primavera, seguro que así está más fresquita. :D

miércoles, 6 de abril de 2016

Asombrosa remisión del tumor de Currusquín

No todo van a ser malas noticias. Hoy el peque ha tenido su resonancia, y el veterinario que la realizó se acercó a nosotros visiblemente contento con los resultados, y nos comentó con cierta incredulidad que el tumor ha pasado de englobar cinco vértebras (toda la zona lumbar) a sólo dos, lo que significa una remisión muy importante y en un tiempo de sólo cuatro meses. Teniendo en cuenta que no ha habido efectos secundarios, sólo queda concluir que, a día de hoy, la quimio únicamente ha supuesto beneficios para el chiquitín. Nadie sabe lo que pasará en el futuro, no tenemos forma de anticipar si el tumor desaparecerá por completo, si la ecografía que le haremos próximamente mostrará nuevos tumores en riñón y colon, no podemos prever si la leucemia va a provocar nuevos tumores o no. Lo único que sabemos es que el tumor principal ha remitido de forma evidente y que el peque, siempre animoso, siempre juguetón y siempre tragoncete, lucha valientemente por sobrevivir, porque ha descubierto que la vida puede ser estupenda y puede estar llena de deliciosas latitas de atún. Y nosotros tenemos la obligación de tenderle esa mano que necesita, porque él solo no puede hacerlo. Él nos mira con esos ojitos inquisitivos como si nos preguntara si, pese a los gastos (que no son nada desdeñables y que quizá no podríamos sufragar sin la generosidad del "padrino" del peque, Francisco), vamos a seguir apostando por él. Y del mismo modo que no sabe que tiene un tumor que le está matando, no sabe que nosotros vamos a estar ahí siempre, hasta que él se rinda o hasta que, milagrosamente, ganemos la batalla. Juntos.


martes, 5 de abril de 2016

Yang, pachucha

Por si no fuera bastante tener al peque con un tumor incurable y tener a Yin con una lesión en la pata (que, afortunadamente, va evolucionando bien), ahora es Yang la que está malita. Lleva dos semanas vomitando muy a menudo, un mínimo de tres veces al día, a veces superándolo por un amplio margen. Siempre ha sido una gatita con tendencia al vómito y alguna vez hemos conseguido que se le pasara dándole malta, pero en esta ocasión no ha funcionado.

Ayer pedí cita en el veterinario y tanto Diana como Sergio pusieron cara de preocupación. Como les advertí de que era un poco fierecilla la niña, hemos quedado en que mañana miércoles la llevaremos, la sedarán directamente, y le harán una ecografía, un análisis de sangre y cualquier otra prueba que requieran para diagnosticar su dolencia, sea cual sea. Hay muchas posibilidades, desde un objeto extraño en el estómago, hasta una infección intestinal, IBD, alergia a la comida o incluso un linfoma. 

Aunque lleva un par de semanas en este estado, ha sido ayer y hoy cuando la hemos visto un poquito más alicaída, comiendo menos y con menos actividad de lo normal. Mañana saldremos de dudas. Confío en que el diagnóstico será favorable y que todo se solucione aunque haya que medicarla de por vida y cambiarle el pienso. Que ese sea el mayor de los males.

A ver qué nos cuentan mañana.