... o dos

domingo, 25 de septiembre de 2016

La vida en la calle

Curro era parte de una camada de cinco cachorritos que tenían la suerte de que una persona concienciada permitía vivir en un patio de su comunidad. Cuando éste salía a alimentarles, acudían en manada. Precisamente por esto fue que se dio cuenta, un buen día, de que Curro se iba quedando atrás con respecto al resto, arrastrando cada vez más los cuartos traseros. En un principió, su cuidador pensó que habría recibido algún golpe con la puerta deslizante del garaje (todos sabemos cómo son estos bichos, siempre esperando al último segundo para pasar al otro lado). Pero en cuanto poco después Curro dejó de ir a comer, enseguida se tomó la decisión de llevarlo al veterinario y averiguar qué le estaba pasando. El resto de la historia ya la sabéis; al principio pintaba todo tremendamente mal.

La historia de esta camada no termina aquí, empero. Algunos de sus hermanitos fueron desapareciendo del grupo poco a poco y, al final, en el recinto sólo quedaba el último de ellos, Husky, esta preciosidad:



Como podéis ver, Husky estaba aparentemente sano y muy ágil (en la foto aparece en lo alto de una palmera, a varios metros sobre el suelo, donde subió para perseguir algún pajarillo). Pero a la historia le dio por repetirse. Hace unas pocas semanas, Husky aparecía con una respiración dificultosa y había perdido el apetito. Empezó a adelgazar con una rapidez pasmosa, y cuando su cuidador me pidió ayuda para intentar capturarlo para llevarlo al veterinario, presentaba este aspecto:


Agotado como parecía, aún tuvo algunas fuerzas para salir corriendo a cambiar de lugar cuando intentamos cogerlo. Finalmente, cuando lo teníamos cercado en el mismo depósito donde en su momento se resguardó Curro antes de que lo atraparan (un lugar hueco y oscuro pero sin escape posible), descubrimos con tristeza que su cuerpo no había aguantado más y aquélla había sido su última carrera. Difícilmente se me borrará de la memoria esa mirada, tan parecida a la de Curro, y esos mismos ojos ya sin vida apenas minutos después. Con todo el dolor, llevamos al pequeño al veterinario, quien sólo pudo certificar su muerte. Por lo que nos comentaron, dado que Curro tiene leucemia desde muy pequeño, era bastante probable que le hubiera venido por vía materna y que el resto de sus hermanos también la sufrieran, teniendo Husky un deterioro rápido al atacarle la misma a la parte respiratoria. Esta vez llegamos tarde.

No dejo de pensar que la vida no está carente de cierta ironía y, cuando estábamos seguros de que el pequeño Curro iba a irse al otro barrio en poco tiempo, resulta que con las atenciones médicas pertinentes al final ha sido el único de su camada que ha salido adelante. Muchos piensan que estos pequeños se las arreglan bien en la calle. Lo cierto es que, salvo para algunos pocos bien adaptados, la calle es una despiadada trituradora de animales...

Si alguna vez os encontráis con un callejerito que empieza a presentar un empeoramiento, por leve que sea, no lo dudéis y llevadlo al veterinario antes de que empiece a dejar de comer. Quizá lleguéis a tiempo.

Currusquín, viento en popa

Como os adelanté en el post anterior, Currusquín está estupendo. Una vez desaparecido el tumor, el peligro inminente ya ha pasado y solo queda esperar que no desarrolle nuevos tumores que no podamos controlar con la quimio. 

Las neurólogas están muy sorprendidas por la completa remisión del tumor, la quimio ha funcionado de maravilla y no ha quedado ni rastro (la pauta ha sido de 0.5mg/m2 de Vincristina, IV:0.11ml IV, o eso dicen los informes). Por lo que cuentan, no han visto ningún caso parecido. La razón por la que no hay más casos conocidos puede ser tan sencilla como que el tratamiento es muy caro. Cada sesión de quimioterapia con consulta incluída puede llegar a los 200€. Las resonancias magnéticas (hemos hecho dos) son 600€ cada una. El Interferón y la Prednisolona, que son los tratamientos diarios, no son caros pero todo suma. Ahora que las sesiones de quimioterapia son una vez al mes aún es sostenible, pero ¿quién puede costear un tratamiento semanal de quimioterapia? No es difícil imaginar por qué no hay demasiados casos de curación. Incluso tratándose de una persona y no de un gato, el esfuerzo económico podría ser demasiado para la mayoría de las familias. ¿Cúantas de estas familias harían este esfuerzo por un gato que, además, tiene una esperanza de vida muy corta por su condición de leucémico? Y no ayuda, precisamente, el IVA por las nubes al que está sujeto el tratamiento veterinario. Nosotros somos casa de acogida de Currusquín y solo nos hemos hecho cargo del gasto de las dos resonancias y tratamiento diario con fármacos, pero a menudo me pregunto si podría costear un tratamiento similar si uno de mis tres gatos sufriese esta enfermedad. Miedo me da la respuesta, y más considerando que los tengo expuestos a la leucemia todos los días desde que Currusquín está en casa, por más vacunados que estén.

En definitiva, cabe señalar que el linfoma espinal provocado por leucemia es curable con quimioterapia. Que uno se lo pueda permitir ya es otra historia, y no se puede juzgar a nadie que decida no hacerlo. Muchas cosas tienen que cambiar en el mundo para que nuestros animales puedan recibir sin restricciones el tratamiento que necesitan.

El estado de las patitas del peque no ha cambiado. Sigue pudiendo mover el muslo derecho un poquito, pero nada reseñable. El resto de la pata derecha y la pata izquierda completa las tiene insensibles y anquilosadas, pese a que le hacemos un ratito de rehabilitación todos los días. La paraplejia provocada por el linfoma no es reversible, lamentablemente.

Currusquín también ha pasado por una infección de orina. He de vaciarle la vejiga tres veces al día, y durante unos días en que estaba más apretada de tiempo solo lo hice dos. Consecuencia: infección de orina y tratamiento con antibióticos. Ello conllevó diarrea, con la que bregamos como pudimos, porque Currusquín no controla sus esfínteres y ya os podéis imaginar cómo nos dejaba la casa y su propio cuerpecito. Nos tocaba bañarlo casi a diario y comenzamos tratamiento con Da Forte, un probiótico que tenía como misión detener la diarrea. Funcionó a medias. La diarrea solo desapareció del todo cuando suspendimos el tratamiento con el antibiótico a los 21 días, como estaba prescrito.

Por si todo esto fuera poco, en la clínica Gattos, que es donde lo tratan, nos sugirieron darle sesiones de láser para estimular los músculos de sus patitas y lograr recuperar algo de masa muscular. Primero eran dos veces por semana (20€ la sesión) y posteriormente se redujo a una vez por semana. La última vez, el peque dijo basta y se enfadó con las veterinarias. A punto estuvo de morder a una de ellas. Creo que el pobre empieza a estar un poquito harto de tanto manoseo. Hemos convenido con las veterinarias en suspender las sesiones de láser. La mejoría que vemos tras diecinueve sesiones es mínima e insustancial, no aporta nada al peque, o al menos, nada evidente. Solo mucho estrés por tener que ir tan a menudo al veterinario. Creemos que necesita descansar, y ahora que solo tiene que ir una vez al mes a quimio, creo que ha llegado el momento de otorgarle ese descanso.

Así que ahora, ya sin linfoma (y que dure), ya sin láser, ya sin diarrea, el peque anda feliz por casa arrastrando sus patitas de un lado a otro, escalando al rascador y al sofá, durmiendo en la cama con nosotros y con los demás gatos y pidiendo latita el primero cada noche. Ahora es un gato feliz, con vida gatuna de cestitas, calorcito al sol, comida rica y compañía gatuna. Eso es todo lo que pide, el pobre. Como extra tiene nuestros mimos, que no los pide activamente pero los disfruta con ronroneos de camión.

Lo que depare el futuro... Esa ya es otra historia, a la que nos enfrentaremos llegado el momento.

Aquí algunas fotitos recientes:

"Il dolce far niente". En un hotel de Bilbao hace dos semanas.

Vaya par de dos.

"Te juro que estaba así cuando llegué".


Vuelta a la estabilidad

¡Hola, amigos!

He estado algún tiempo desconectada pero enseguida os pongo al día de cómo va todo con mis peques. Como ya habréis adivinado por el título del post, la crisis ha pasado, aunque aún nos espera alguna pequeña cuenta pendiente que os paso a relatar.

Yin

Como sabéis, Yin se había operado de la pata trasera por rotura de ligamento. El peque ahora está estupendo. En la última visita al veterinario, hace dos meses, el hueso de la tibia ya estaba prácticamente soldado en su nueva posición (se lo habían abierto un poco para ofrecer mejor soporte al fémur, como podéis leer en el post correspondiente) y la cojera había desaparecido por completo. Hoy sigue igual de bien. No salta a los sitios altos con demasiada soltura, no sabemos si porque es torpe (siempre lo ha sido un poco) o porque tiene más debilidad de la cuenta o en esa pata, o incluso en la otra (los veterinarios advierten de que cuando cae un ligamento cruzado, suele caer pronto el opuesto).

Tenemos que vigilar, también, un colmillo que tiene extruído, es decir, un poco sacado del sitio. No sabemos a qué se debe, no se ve ningún problema en las encías y no me sorprendería que fuera porque es un bruto y se enganchó alguna vez en algún lado y no nos dimos cuenta. Estaremos pendientes de si se va saliendo más.

Yang

Yang tuvo ahí atrás una temporada muy preocupante de vomitonas continuas. Por consejo de las maravillosas chicas de Esperanza Felina les cambié al pienso Granatapet para Adultos, de pato en concreto, que tiene componentes selectos, les ayuda a no ganar peso y se supone que es apto para estómagos delicados. Yang siempre ha vomitado y siempre vomitará, pero ha vuelto a su ritmo normal de una vez cada semana o cada dos, lo cual ya es razonable y nos ha quitado la preocupación. Ella está animosa, come muy bien, pide mimos como siempre y ya no se la ve decaída ni de lejos. No sabemos qué es lo que puede provocar que vomite con más frecuencia que otros gatos, pero le ha pasado siempre y no parece afectar a su ánimo. En las pruebas que le hicimos no salía nada, así que nos hemos quedado tranquilos.

Blanca

Cuando fuimos a vacunar a los peques contra la leucemia (algo ineludible teniendo a Currusquín campando a sus anchas por casa) descubrimos que Blanca tiene gingivitis, esto es, las encías enrojecidas. Esta semana o la siguiente la llevaremos para una limpieza bucal o lo que se tercie. No es grave, pero tampoco se puede dejar.

Currusquín

Currusquín está estupendo. Pero mejor le dedico un post entero, que este ya se va alargando mucho y no quiero agobiaros. En breve os pongo al día de su estado.

¡Un beso a todos!

viernes, 8 de abril de 2016

Yang va mejorando

Yang ha estado muy animada hoy, correteando como siempre, con buen humor y muchas ganas de mimos. Después de ese par de días decaidilla, vuelve a ser ella misma. Lleva dos días y medio sin vomitar gracias a las pastillas Cerenia. Que, por cierto, odia. Ayer intenté darle una al modo habitual, que es lanzándola a la garganta con la boquita abierta, y por desgracia, me salió desviada y cayó en la lengua. Le acaricié la barbilla, cerrándosela suavemente para que tragara, y este fue el resultado:



Quedé cubierta de babas. :D

En las pruebas no se ha visto nada que pueda parecer un linfoma. El veterinario cree, por su historial de vómitos (nunca tan continuos como ahora, pero siempre presentes en mayor o menor grado) que puede tener una enfermedad inflamatoria intestinal de carácter leve, pues el intestino aparece un pelín inflamado, sin ser excesivo. También le detectaron un cuerpo extraño en el estómago, en el antro pilórico (junto al píloro) que no saben qué puede ser. Especulan que tal vez es una bola de pelo solidificada, o algún objeto que haya tragado y se haya quedado ahí. Mide 7 mm y no lo consideraron importante. 

Ahora le estamos pinchando antibiótico cada dos o tres días (repite el lunes) para prevenir posibles infecciones, está tomando Cerenia (pastilla antivómitos, tipo el Primperán humano) y Pepcid como protector estomacal. Aparte, le estamos dando un poquito de Buprex, porque el veterinario ha visto que tiene los alrededores del páncreas un poco inflamados también y dice que eso puede doler mucho. No parece que haya pancreatitis porque el páncreas no está generando lipasa, pero cree que podría llegar a haberla.

El plan es cortarle el vómito con esta medicación (de momento, está funcionando), retirársela dentro de unos días a ver si ha recuperado la normalidad, y observarla para ver qué ocurre después. Si vuelve a vomitar, tal vez se haga necesaria una biopsia. 

Por poner algo de nuestra parte, también estamos en proceso paulatino de cambiarle el pienso por uno para estómagos sensibles. Espero que eso la ayude a cuidar su aparato digestivo.

Os iremos informando según vayamos observándola y descubriendo más cosas. Por lo pronto, la peque vuelve a estar contenta y saltarina, come estupendamente ¡y no vomita! :-)

¡Ah! Y como veréis en el vídeo, su tanguita blanco ha desaparecido bajo la malvada afeitadora que le ha dejado la barriguita toda pelada. Esperemos que le vuelva a crecer rápido. Aunque, de cara a la primavera, seguro que así está más fresquita. :D

miércoles, 6 de abril de 2016

Asombrosa remisión del tumor de Currusquín

No todo van a ser malas noticias. Hoy el peque ha tenido su resonancia, y el veterinario que la realizó se acercó a nosotros visiblemente contento con los resultados, y nos comentó con cierta incredulidad que el tumor ha pasado de englobar cinco vértebras (toda la zona lumbar) a sólo dos, lo que significa una remisión muy importante y en un tiempo de sólo cuatro meses. Teniendo en cuenta que no ha habido efectos secundarios, sólo queda concluir que, a día de hoy, la quimio únicamente ha supuesto beneficios para el chiquitín. Nadie sabe lo que pasará en el futuro, no tenemos forma de anticipar si el tumor desaparecerá por completo, si la ecografía que le haremos próximamente mostrará nuevos tumores en riñón y colon, no podemos prever si la leucemia va a provocar nuevos tumores o no. Lo único que sabemos es que el tumor principal ha remitido de forma evidente y que el peque, siempre animoso, siempre juguetón y siempre tragoncete, lucha valientemente por sobrevivir, porque ha descubierto que la vida puede ser estupenda y puede estar llena de deliciosas latitas de atún. Y nosotros tenemos la obligación de tenderle esa mano que necesita, porque él solo no puede hacerlo. Él nos mira con esos ojitos inquisitivos como si nos preguntara si, pese a los gastos (que no son nada desdeñables y que quizá no podríamos sufragar sin la generosidad del "padrino" del peque, Francisco), vamos a seguir apostando por él. Y del mismo modo que no sabe que tiene un tumor que le está matando, no sabe que nosotros vamos a estar ahí siempre, hasta que él se rinda o hasta que, milagrosamente, ganemos la batalla. Juntos.


martes, 5 de abril de 2016

Yang, pachucha

Por si no fuera bastante tener al peque con un tumor incurable y tener a Yin con una lesión en la pata (que, afortunadamente, va evolucionando bien), ahora es Yang la que está malita. Lleva dos semanas vomitando muy a menudo, un mínimo de tres veces al día, a veces superándolo por un amplio margen. Siempre ha sido una gatita con tendencia al vómito y alguna vez hemos conseguido que se le pasara dándole malta, pero en esta ocasión no ha funcionado.

Ayer pedí cita en el veterinario y tanto Diana como Sergio pusieron cara de preocupación. Como les advertí de que era un poco fierecilla la niña, hemos quedado en que mañana miércoles la llevaremos, la sedarán directamente, y le harán una ecografía, un análisis de sangre y cualquier otra prueba que requieran para diagnosticar su dolencia, sea cual sea. Hay muchas posibilidades, desde un objeto extraño en el estómago, hasta una infección intestinal, IBD, alergia a la comida o incluso un linfoma. 

Aunque lleva un par de semanas en este estado, ha sido ayer y hoy cuando la hemos visto un poquito más alicaída, comiendo menos y con menos actividad de lo normal. Mañana saldremos de dudas. Confío en que el diagnóstico será favorable y que todo se solucione aunque haya que medicarla de por vida y cambiarle el pienso. Que ese sea el mayor de los males.

A ver qué nos cuentan mañana.


domingo, 3 de abril de 2016

Rotura del ligamento cruzado craneal, pata posterior izquierda

El día 15 de marzo, cuando llegué del trabajo, descubrí que Yin cojeaba de la pata trasera izquierda. No parecía haber una causa clara, para variar no había tirado nada ni armado ningún estropicio, cosa no poco habitual en él. Ese mismo día, lo llevamos al veterinario que tenemos al lado de casa, donde siempre nos tratan estupendamente.

Sergio, el veterinario, me dijo que era muy raro que un gato cojeara, y que si lo hacía debía de ser algo serio. Le tocó la patita y trató de comprobar el ligamento cruzado de la rodilla con pequeños movimientos, pero Yin se quejó mucho y tuvo que desistir. Decidimos que al día siguiente lo intentaríamos de nuevo, esta vez con sedación.

Así pues, el día 16 volvimos al veterinario y, ya sedado, le hicieron una radiografía:


Por lo visto, de la radiografía se desprende que el ligamento cruzado está roto y la tibia desplazada. Esta prueba, unida a las palpaciones que le hicieron para comprobar hasta qué punto estaba sujeta la tibia al fémur, dejó claro el diagnóstico. La operación se fijó para catorce días después, día 31 de marzo, día en el que esperaban descubrir también qué eran esos trocitos sueltos que aparecían en la radiografía, y si tenía artrosis. Durante este tiempo, le administramos antiinflamatorios para que la rodilla estuviese lo más accesible posible el día de la operación, y Yin se pasó los quince días cojeando el pobrecito, pero con el ánimo de siempre.

El día 30 le dimos una buena cena. Es tan tragaldabas el tío que nos solíamos preguntar dónde tenía el fondo, y ese día decidimos comprobarlo, pues ya que no iba a poder comer en muchas horas, por lo menos que cenase bien. Y le dimos latita. Mucha latita, que le encanta. Yin, que nunca la vio más gorda, se puso hasta arriba y acabó vomitándolo todo, el tontorrón de él, porque es que, como le dejemos, come sin control, como si no hubiera mañana. No sé qué trauma tuvo de pequeño, pero aún lo conserva, y eso que comida no le falta.

El día 31, a las doce y cuarto del mediodía, Emilio llevó a un Yin en ayunas al veterinario y lo dejamos allí hasta las siete de la tarde, donde lo encontramos con los ojos como platos, y bastante incómodo en el transportín. El veterinario nos informó de que todo había ido bien, aunque habían descubierto que el menisco también estaba roto y nos dijo que eso haría la recuperación más lenta y dolorosa para el monstruo. No había mucha artrosis, eso era bueno. La operación consistió en esto:



Básicamente, consiste en abrir un trocito de tibia para que soporte mejor el fémur, fijarlo con unas agujas que sólo se sacarán si llegasen a molestarle (lo que detectaríamos por otra cojera) y esperar a que la zona que queda abierta osifique, lo que puede tardar, en total, unos seis meses. Me sorprendió saber que el ligamento no se repara, pero el veterinario nos explicó que este tipo de operación es la que mejor resultado da. Normalmente no queda cojera, pero al tener el menisco roto es posible que le quede un poquito. Nos contó que antes se solía intentar sustituir el ligamento por algún hilo fuerte que pudiera suplirlo, pero todos se rompían muy poco tiempo después de operar, así que se buscó una solución alternativa. Veremos cómo le va a Yin. La operación se llama osteotomía niveladora de la meseta tibial y nos costó 950€. Más información sobre la dolencia y la operación, aquí.

Nos llevamos a Yin a casa con recomendación de reposo absoluto de un mes entero. La intención era dejarlo en el transportín el fin de semana y sobre todo el domingo. Pero estaba tan incómodo en el transportín, donde le costaba un montón cambiar de postura, que decidimos dejarle moverse un poco por algún lugar por donde no tuviera ningún sitio al que saltar. En mi casa, ese sitio es el recibidor. Así que le pusimos una cestita en el suelo de la entrada, la arena cerca, el comedero, el bebedero, y ya estaba listo su campamento temporal. Lo dejamos allí, fue a hacer un pis eterno a su arenero, y luego se acostó en su cestita, bastante cansado y atontado, y con los ojos llenos de legañas por el gel que le ponen durante la operación para que no se le resequen los ojos. Nos habían dicho que quizá, y debido al dolor, podría no hacer pis ni caca y que quizá habría que darle laxante. No fue el caso: Yin nos brindó sus regalitos como siempre, sin ningún problema. Le hicieron la costura de la herida externa, así que a partir de hoy, domingo, tendremos que limpiarla con Cristalmina para evitar que cree costra. No le gustará mucho, pero tendrá que aguantarse, pobrecito. O arrancarnos los brazos a mordiscos, que tampoco lo descartará tan rápido.



Hoy ya estaba más animado y le dejamos pasear un poquito por la cocina, siempre cuidando de que no intente subirse a ninguna parte. El tío apoya la pata y todo, aunque lo hace con cuidado y, para ser sinceros, no parece tener mucha intención de ponerse a hacer el cabra. Debe de dolerle bastante, pese al Buprex que le estamos administrando, con el que verá dragones por lo menos. Es el que tomaba Currusquín, que al final se lo quitamos, y parece que es una droga bastante fuerte. Tanto, que en la farmacia te ponen mil pegas para comprarla, te piden tus datos y la firma y sello de un veterinario oficial. Vamos, que puedes matar a alguien con eso.



Iremos contando cómo va la recuperación del monstruíto. Como le decía yo a Currusquín, es raro que no sea él, por una vez, el que más pena da de todos. Aquí tenemos a nuestros dos cojitos, ayer les dejamos pasar un ratito juntos en el sofá. Yin es el de la izquierda, Currusquín el de la derecha. El miércoles tenemos la nueva resonancia del Currus. A ver qué nos cuentan del tumor.

jueves, 31 de marzo de 2016

Currusquín, tan feliz




No sé cuántas sesiones de quimioterapia llevamos ya. ¿Once? ¿Trece? El peque sigue sin mostrar  los efectos secundarios que tanto nos temíamos, como decaimiento, vómitos... Tan pronto se le pasa el sopor que le provoca el sedante que le ponen durante la sesión, él abre los ojos como platos, espera pacientemente a que lleguemos a casa sin decir ni miau en el trayecto (nunca maúlla en el coche) y en cuanto llegamos y le abrimos el transportín, sale derrapando:


Y luego, por la noche, a la hora de jugar, él siempre está dispuesto. Esto fue ayer, justo después de la sesión:





Sus patitas no han recuperado movilidad y se van poniendo rígidas por la falta de uso, y su control de la vejiga sigue siendo nulo. Tengo que vaciarle la vejiga tres veces al día. Las cacas sí que las hace bien, pero no va al arenero y nos suele sembrar la casa con caquitas. A veces esto parece un campo de minas. :D

Sus perspectivas siguen siendo malas, pero creemos que sin quimio ya no estaría aquí. Con ella, y sin efectos secundarios de momento, confiamos en estar alargando su vida, que transcurre plácida y feliz a lo largo de la semana, con juegos, compañeritos, siestas, latitas y muchas caricias.

Próximamente, haremos una nueva resonancia para ver cómo va evolucionando el tumor, si es que evoluciona de alguna manera. También haremos una ecografía para comprobar los riñones y el intestino, que en la última aparecían hinchados y podría deberse (o no) a nuevos tumores. Vamos a vigilar eso también, porque podríamos tener que cambiar el tipo de quimioterapia para atacar esos tumores también, si es que lo fueran.

Seguiremos informando sobre el peque, pero mañana dedicaremos un post a Yin, que hoy ha sufrido una operación en la patita trasera y lo tenemos hecho un guiñapo, el pobre. A ver qué tal pasa la noche.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Él no lo sabe



Tiene linfoma medular, y se muere. Él no sabe que se muere. Como en las películas, no será hoy, no será mañana, pero algún día. Gracias a la quimioterapia, de la que hoy hemos aprendido que en gatos no cura este tipo de cánceres, sino que únicamente lo frena (si hay suerte y responde a él), podemos conseguirle algunos meses más. Eso él tampoco lo sabe.

Ni él ni nosotros sabemos, de hecho, qué tal va a tolerar esa quimioterapia. Nos han hablado de posible anorexia, bajo estado de ánimo, vómitos... Hoy, su primer día del resto de su vida, no ha parecido importarle en absoluto. Ha comido con más ganas que siempre (que tampoco son muchas), ha jugado un poco, ha sido como cualquier otro gato paralítico positivo a leucemia que empieza a comerse los dedos de sus propias patas insensibles. Pero él ni siquiera sabe que esos son sus dedos y que no es buena idea comérselos. Sobre todo, ahora que su cuerpo va a tener muchos problemas para regenerarse. Pero eso él tampoco lo sabe. Le hemos vendado la zona y en breve Marta le confeccionará unos estupendos calcetines a prueba de bocados. Eso tampoco lo sabe; se lo reservamos de regalo de Papá Noel, junto con una especie de silla de ruedas enfocada en la rehabilitación que le montaré en unos días para ver si se anima a moverse un poco más rodando de aquí para allá. Quizá no le guste, quizá no funcione. Eso no lo sé yo.

Lo que él si sabe, y Marta, y quien esto escribe, es que está recibiendo todo el cariño que no podía ni imaginar hace apenas unos meses. Que está calentito en casa, comiendo cosas ricas, tumbado al sol, mirando por la ventana a la gente pasar, rodeado de nuestros otros peques, que hacen exactamente lo mismo. Quien le viera, si no fuera por el empapador, las vendas en los pies y los trasquilones aquí y allá por sueros y pruebas varias, ahora mismo no podría saber que no es un gato cualquiera.

Pero el pequeño Curro no es un gato cualquiera. O quizá sí, de los miles de callejeritos que han tenido la mala suerte de sufrir una enfermedad que les predispone a generar cáncer. Una enfermedad demasiado común, junto con la inmunodeficiencia felina. Una enfermedad que me hace tener un poco de enfado contra el mundo, al pensar en que, probablemente (o quizá estoy siendo muy ingenuo), si se juntaran ciertos esfuerzos económicos a nivel mundial por parte de protectoras y simpatizantes (sobre todo en lugar de destinarlos a pseudoterapias sin fundamento para estos animales, como la homeopatía, el reiki o la acupuntura), si se gestionaran adecuadamente esos recursos en un laboratorio de investigación vírica, quizá podríamos encontrar un tratamiento que las curara. Y quizá incluso, en mi mundo ideal, les sobrara lo suficiente para desarrollar una quimioterapia que fuera un poco más equiparable a la humana. Una que no sólo frenara en lo posible el cáncer, sino que lo atacara hasta su médula. Literalmente, en este caso.

El pequeño Curro no sabe nada de esto. No sabe lo que le espera (aunque nosotros sí sabemos que, antes de hacerle vivir un padecimiento extendido artificialmente, pararemos el tratamiento e intentaremos que se vaya en paz). Leyendo hace poco sobre la leucemia, en algún lugar decían que "ningún gato lleva grapado a la pata cuánto le queda". Ningún gato ni nadie, claro. Él no sabe cuánto le queda, ni nosotros tampoco. Lo único que le importa, como a nosotros, es que el tiempo que podamos compartir la improbabilidad de la existencia sea lo más agradable posible.


martes, 24 de noviembre de 2015

Pensando en positivo

Pues va nuestro Currusquín y nos sale positivo a leucemia. Un mazazo bueno, pero lo hemos tomado con filosofía y con un poco de terror, porque habíamos dejado que hubiera cierto contacto con los nuestros:



Peleas no ha habido, porque el peque está muy decaído y no tiene ganas de nada, y mucho menos de pelearse con nuestros gatos. Como mucho, les ha soltado algún mini bufido en respuesta a alguno de Yang o Blanca. El mayor riesgo de contagio viene a través de luchas y de sexo, así que por ese lado nos hemos librado. Quedan los comederos, bebederos y areneros, que sí, los han compartido ocasionalmente durante unos pocos días. Muy asustada, fui a mi veterinario habitual a preguntar si en la vacuna trivalente que les ponemos a los míos se incluía la leucemia, y me contestaron, para mi felicidad, que les ponen la TETRAvalente, que incluye la leucemia. Aunque no es 100% efectiva, para estos contactos ocasionales espero que haya servido. En todo caso, dentro de unos meses les haremos pruebas a los míos para comprobar que todo está bien.

Ahora, por supuesto, somos mucho más estrictos con el aislamiento. Al principio, le venía bien al peque algo de movimiento alrededor, porque estaba muy desvalido y tristón. Ahora ya está más despierto, empieza ya a conocer muy bien su habitación y ya no se pasa el día con cara de sueño. Algo es algo.

Le hemos empezado a dar Interferón, que es un tipo de quimioterapia que interfiere en la replicación del ARN del virus para impedir que se propague. En realidad es un tipo de proteína que en un individuo sano generaría su propio sistema inmune ante un patógeno. En principio, esto debería hacer que el peque tuviese más posibilidades de sobrellevar (que no curar, ya que es incurable) la enfermedad con buena salud. Vamos a hacer lo que podamos para que el tiempo que le quede, sean meses o años, sea lo más feliz posible.

Entretanto, seguimos con Buprex, probiótico, Omeprazol y Metacam. A ver si vuelve a mover sus patitas pronto. Esta noche ya nos ha dado una alegría yendo al arenero a hacer sus caquitas él solo. A vaciar la vejiga sigo teniendo que ayudarle yo, que ya me he hecho una experta.